>> Que es un lugar vacío sino una oportunidad…

febrero 24, 2012



    Un lugar recientemente abandonado por una O.N.G., donde antes había niños encerrados, niños que vivían ahí sin un patio o la sanidad necesaria fue tomado por nosotros para darle vida, pero no cualquier vida. Lo que nosotros llamamos vivir dista mucho del ideal que propagan los políticos, está muy alejado del ideal de vida capitalista que ofrecen los ricos y que todos sus sostenedores se empecinan a mantener.

    No esta basado en la autoridad ni propone que quien más dinero tenga más comodidades reciba.

    De hecho y con franqueza, se opone, se enfrenta a ese modelo. No es una idea acabada la que tenemos, terminada, presentada por sabiondos a los desgraciados que deben por fuerza aceptarla como los planes de los Estados o los de las iglesias. Es más bien una propuesta, una propuesta a buscar. ¿Buscar qué?, nuevas formas de relacionarnos. Nuestras ideas vienen empujadas por años de experiencia también y si habrá mucho nuevo también lo habrá viejo, mucho de lo de siempre. Nos sentimos parte de los mismos que en cualquier lugar han peleado, pelean y pelearán por un mundo diferente y mejor. Somos parte de lo salvaje, de lo libre, de la hermosa rebelión diaria de cualquier sitio. Las puertas que estamos acondicionando entre todos no son para encerrarnos a pensar como se podría vivir mejor sino para abrirlas y potenciar el hacerlo efectivamente.

    Una herramienta más de las luchas que existen, un apoyo a las que vendrán.

    Con decisiones colectivas, consensuadas por todos se va construyendo un espacio para potenciar el libre acuerdo y alejarse lo más posible de las relaciones mediadas por el dinero. Tenemos un proyecto. Un proyecto no acabado ni estructurado, un proyecto que no puede ser reducido a programas de partidos o políticas de Estado, un proyecto tan infinito como inabarcable, el de la libertad.

    El Estado está basado en la fuerza y la expresión de la obediencia debida es la ley. Ésta es un tipo de norma que tiene básicamente dos componentes específicos, pertenece a un régimen de autoridad, organización vertical y si no es obedecida prevé una sanción, un castigo.
    Nosotros nos basamos en el libre acuerdo, los compañeros y las compañeras de forma libre y meditada toman las decisiones de cómo actuar, cada uno es libre de hacerlo y responsable ante sí mismo y los demás. Buscamos y potenciamos relaciones sin coerción y no permanecemos impávidos ante los abusos de nadie. La libertad exige actuar, somos de los que se meten.




    Como dijimos, un lugar vacío puede ser sólo eso, un lugar sin nada o nadie, o puede ser una oportunidad, una oportunidad única.

    La Solidaria.
    (Fernandez Crespo 1813).

>> Nuevas ediciones del Círculo Anárquico Villa Española.

febrero 23, 2012

El Antagonismo Social y de Clase en Grecia (1975-1985).

    Nada sale de la nada, el movimiento anarquista griego ha sido en los últimos tiempos tema de atención para todos. Lamentablemente también para los aparatos represivos. Ahora, si éste ha sido tema de conversación no lo ha sido sólo por las largas condenas y la muy alta represión que ha sufrido sino por las luchas que ha sabido llevar, las luchas en las que participa y las que ha potenciado. Las tácticas de los compañeros, su arrojo nos ha hecho a todos posar nuestra atención en ellos en los últimos tiempos. Siendo parte además de las últimas grandes revueltas en el Estado griego, el movimiento anarquista ha sabio ser además de heterogéneo, muy hábil y ha demostrado una vez más a los amantes de la quietud conformista cómo se es coherente. Ahora, esto no comenzó solo y de repente, ha sido un largo camino de trabajo y acción directa que ha llevado al movimiento a ser una fuerza tan respetada como reprimida por los poderosos y sus alcahuetes.
    Por eso hemos traducido un texto que cuenta un trazo de la historia del movimiento antagonista griego.
    “El antagonismo social y de clase en Grecia (1975-1985)” es un texto que traemos a nuestros lectores y amigos sobre el comienzo de ese movimiento anárquico con las pruebas de fuego de algunos hechos trascendentes de la historia de la lucha en ese territorio.


La Anarquía a través de los Tiempos.
Max Nettlau.

    Les traemos el primer capítulo del libro del mismo nombre de Max Nettlau, donde el historiador anarquista muestra cómo en el pensamiento, la rebelión se ha abierto paso desde la antigüedad arañando cuando ha podido el pensamiento una liberad integral. Si bien se sitúa al primer libro de “doctrina anarquista” a fines del siglo 18 con Godwin, la libertad y la rebelión son tan viejas como las cadenas. Para los clásicos desanimados que toman como bandera el “siempre ha sido todo igual” y hacen significar en eso el rechazo a soñar y pelear por una vida más libre este texto puede ayudar a ver las excepciones al pensamiento único y conformista. Para los que quieren saber o ampliar su conocimiento sobre cómo se fue desarrollando el pensamiento libre el texto es un buen aporte. Éste va desde las más antiguas manifestaciones del pensamiento libertario hasta 1789.

    Ambos textos se pueden descargar clickeando sobre la respectiva tapa. Para ver la colección completa clickear acá.

>> Viernes 10 de Febrero / Contra el alambrado.

febrero 5, 2012

>> Sábado 28 de Enero / Estreno de la película “La Banda Bonnot”.

enero 19, 2012

>> A los departamentos del interior.

enero 12, 2012

    Antiautoritarios, rebeldes, librepensadores, estamos buscando, ahora que hemos hecho el esfuerzo de duplicar la cantidad de números que sacamos del periódico, la colaboración en la distribución en el interior.
    Si vivís en cualquier departamento y querés hacerlo, comunicate con nosotros. Además, también mandamos para la distribución los materiales que editamos y que editan los demás compañeros.
    Son buenos tiempos para que se difundan las ideas de libertad y las acciones libres, descentralicemos la vida y que viva la anarquía.
   
   

Periódico Anarquía.
periodico_anarquia@yahoo.com

>> La quimera del poder popular: una forma de integración al sistema.

enero 11, 2012

    Al menos como es entendido en general por la izquierda, el “poder popular” sería una propuesta para construir el socialismo mediante un modelo de democracia participativa, que reestructuraría la organización sobre la que se sustenta el Estado. El poder popular estaría fundado en la vieja idea de Rousseau de voluntad general, transfiriendo las atribuciones del gobierno al pueblo, instituido en organizaciones asamblearias de base y eligiendo mediante el voto a los representantes en el gobierno popular.
    Esta política requiere la toma del gobierno para impulsar la transferencia antes mencionada, pero de forma gradual para transformar la democracia representativa en participativa, y alcanzar el socialismo por el camino del poder popular. Es decir, se plantea un objetivo supuestamente revolucionario por un camino reformista, aderezado de jerga nacionalista, socialista y antiimperialista. Este fue un experimento que quedó trunco en Chile en 1973 por el golpe de Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, y forma parte del canon ideológico de la Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba post-bloque socialista, que recupera la consigna guevarista de desarrollar en el pueblo los “gérmenes de socialismo”. Este tipo de proyectos reformistas y autoritarios, defendido por la izquierda nacionalista y burguesa, han sido repudiados desde siempre por los anarquistas y sus teóricos más influentes, Bakunin y Malatesta, entre otros.
    Sin embargo, desde hace un tiempo muchos compañeros libertarios latinoamericanos (argentinos, uruguayos, colombianos y brasileños) han publicado declaraciones acerca de la necesidad de que los anarquistas “construyamos el poder popular” luchando por la socialización del poder a fin de que no se convierta en la posesión de unos pocos. La idea que se propone apuntaría a construir un movimiento libertario anti-dogmático, aterrizado en la realidad y conectado con las luchas populares.
    Estas formulaciones, como bien presuponen sus autores, podrían parecer “una contradicción irresoluble” a todo “luchador o luchadora de la libertad”. En realidad no lo parece, sino que es una contradicción irresoluble. Pero antes de responder por qué lo es, veamos en qué consiste esta propuesta.
En un documento titulado “Anarquismo y Poder Popular”, de la “Red Libertaria Mateo Kramer” de Colombia, se hace la siguiente pregunta:
    ¿Debe el poder ser entendido únicamente como una imposición autoritaria, como un poder sobre? ¿No se puede comprender el poder de otra forma, es decir, como un poder-hacer colectivo, un poder-construir en conjunto? Son los de arriba, aquellos que mandan, los que nos han hecho creer que el poder es un “objeto” del cual ellos tienen posesión, una “cosa” despegada de las relaciones sociales, un aparato trascendente de sujeción. Pero, en cambio, nosotros y nosotras, los y las de abajo, concebimos el poder de otra forma: no como una “cosa”, sino como una “relación”, como un poder social alternativo y liberador. Así, nuestro poder es principalmente una capacidad colectiva de imaginar y de crear en el aquí y ahora una nueva sociedad.”
    Aquí surge una confusión en la pregunta que va a afectar a todo el análisis posterior. El término “poder” tiene múltiples acepciones, significados e interpretaciones, por su carácter polisémico. Podemos hablar de poder como una relación de dominio, como la capacidad de hacer, como posesión de algo, fuerza, capacidad de provocar efectos de verdad, mando, coerción, y finalmente, el gobierno de un país.
    Claramente en la pregunta se confunde la acepción de relación de dominio (primera pregunta) con la acepción capacidad de hacer (segunda pregunta). Para mayor embrollo, el razonamiento prosigue proponiendo dejar de ver al poder como un objeto o instrumento y tomarlo como una relación, pero desdeñando que las relaciones de poder sean relaciones de dominio, y nuevamente proponiendo un poder como “capacidad colectiva de imaginar” (es decir, una competencia y no una relación).
    Luego de semejante enredo, que no por enmarañado deja de ser de una simpleza y una frivolidad pasmosa, sería lícito preguntarse si todo se reduce a preferir una acepción por otra o a considerar que los anarquistas siempre han sido tan obtusos como para haber confundido siempre el poder con una “cosa” y nunca haberse percatado de que era una relación de dominio. Como si el hecho de pensar al poder en su aspecto relacional lo convirtiera en “un poder social alternativo y liberador”, y no en una relación asimétrica de dominio. El capitalismo, entre otras cosas, también es una relación social asimétrica (de explotación y dominio), y seguramente a estos compañeros no se les ocurriría olvidar este aspecto para proponer un “capitalismo social alternativo y liberador”.
    En realidad, los anarquistas negamos el poder político, la capacidad de dominio de una institución, un grupo o un individuo sobre otras personas, el poder como sinónimo de gobierno. Es decir, toda la teoría anarquista se funda sobre una crítica al poder y los efectos que produce, expresado objetivamente en los medios, instituciones, dispositivos e instrumentos materiales a través de los que se ejerce el dominio, pero también subjetivado en relaciones asimétricas donde unos deciden y mandan mientras que otros obedecen y ejecutan. Los anarquistas nunca propusieron el poder popular, ni el poder para una clase, precisamente porque apuntaban a ese aspecto relacional del poder, donde si una clase o un grupo (aunque fuese mayoritario) ejercieran poder sobre otro, se convertiría en otra relación de dominio (asimétrica). Quien posee el poder ejerce control sobre la conducta de quien los sufre. No existen relaciones de poder simétricas, porque cuando existe simetría y reciprocidad en una relación social, es porque la relación de poder ha dejado de existir.
    En el documento también se afirma que, “para que este poder colectivo sea popular, el agente no puede ser otro que el pueblo, ese sujeto plural que se define por la reunión de las clases subalternas, de los marginales, de los desposeídos, de los excluidos”. Más allá de la obviedad de la proposición, se percibe una valoración de lo popular como positivo per sé, lo cual puede ocasionar ciertos conflictos. Lo popular no está exento de acarrear ciertas lacras sociales, como el sexismo, el nacionalismo o el racismo, por mencionar las más habituales. Si algo fuese definido como popular tan solo porque lo produce el agente “pueblo”, y si definimos al pueblo gramscianamente como clases subalternas, deberíamos también aceptar que dentro de ese pueblo hay gran cantidad de elementos sociales, culturales, políticos y económicos burgueses incrustados, que incluyen tanto al ama de casa, al vendedor ambulante y al obrero, como al policía de la esquina, al dueño de una verdulería o a un barrabrava futbolero. La esencia popular es precisamente ese carácter policlasista, que conjuga elementos revolucionarios y conservadores, proletarios y burgueses, libertarios y autoritarios.
    Si -como sostienen- el poder popular es una nueva forma de relación, y apunta a poner “en marcha un nuevo ethos”, creando “otro mundo posible, un mundo distinto que se enfrenta al que ya conocemos”, y al mismo tiempo “es una praxis que en la misma medida en que va transformando los lugares de vida de las personas crea un bloque contrahegemónico, un bloque que entra en confrontación directa con el orden imperante”, entonces el poder popular planteado de esta forma comienza a tener puntos en común con el poder popular según lo ha entendido históricamente la izquierda. Este poder se presenta como una anticipación de la sociedad futura, como una práctica gradualista, que apunta a reemplazar al Estado y al capital. Lo que no se explica es cómo una cultura horizontal y libertaria, participativa e incluyente pueda tener cabida en una sociedad que es su negativo rotundo, en que los medios de comunicación, educación, explotación y represión están en manos de quienes detentan realmente el poder. Claro que existen prácticas solidarias, ayuda mutua, cooperación, altruismo y actitudes libertarias en el seno del pueblo, pero esto es más inherente a la condición humana que al ethos popular. Es sencillamente una ilusión creer que por propugnar el poder popular (como quiera que esto se entienda) vamos a estar más cerca de la auto-liberación de las masas. El sistema capitalista ha demostrado una gran capacidad de absorción de todos los movimientos populares, de todo signo: Venezuela y Cuba son un muy buen ejemplo de esto. Cuando excepcionalmente los gobiernos que realmente ejercen el poder conceden la posibilidad de que la gente practique alguna forma de autogestión, siempre es bajo el permiso y supervisión directa o indirecta, cuando no el interés, del Estado.
    Es un error plantear que, “el anarquismo que quiere socializar los medios de producción, también quiere socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos”, precisamente porque eso sería socializar la asimetría, haciendo del poder el “privilegio de la mayoría”, y donde aquello que una mayoría denominada “popular” imponga al resto “menos popular” su particular visión de lo que debe ser. Es una peligrosa ingenuidad suponer que dicho poder popular crearía “espacios alternativos de vida colectiva, lugares materiales y virtuales que escapan al control del capitalismo y de la autoridad”. Más aún cuando todas las experiencias históricas han demostrado exactamente el contrario, y nunca pudo coexistir un espacio libertario por mucho tiempo en una sociedad estatal sin enfrentarse con ella (como en Ucrania o Kronstadt y la revolución española), o siendo absorbido por el capitalismo y el Estado, como en Cuba o en la Venezuela bolivariana, donde el poder popular funciona como un mecanismo de autorregulación capitalista.
    Contrariamente a los que sostiene la Red Libertaria Mateo Kramer, los anarquistas debemos aspirar a destruir toda forma de poder, sin dejar de organizarnos igualitaria y libremente, propugnando que el pueblo se autolibere. Porque las perspectivas políticas del populismo y el socialismo antiburgués siempre serán reformistas, aspirando a lo sumo a un capitalismo gestionado por la clase obrera, mediante cooperativas, sindicatos, partidos políticos o el “Estado popular”.
    Ser anarquista implica estar en contra del poder en todas sus formas, no solamente en contra de “algunas formas de poder”. El poder colectivo no es ausencia de poder, del mismo modo que un capital colectivo no es ausencia de capital. El ser anarquista no puede reducirse a enfrentarse al poder burgués, sus agentes económicos, culturales y políticos. No podemos hacer del pueblo o el poder popular un adorado fetiche, del que presuponemos revolucionario per sé. De lo contrario, pondremos al pueblo en el trono, para ser su propio opresor, alienado de sí mismo. Un poder popular negador de la liberación humana y que, parafraseando a Bakunin, no va a ser menos prepotente porque lleve inscrito el rótulo de “poder del pueblo”.

    Publicado en el periódico anarquista “Libertad!” N° 52 (Julio–Agosto del 2009).

>> ¡Periódico Anarquía Nº17 en las calles!

diciembre 17, 2011

    Si doña, esto es una guerra…

    Una guerra contra los dominados imponiendo un sistema en el que todos están incluidos, bajo un mismo orden que da papeles diferentes a diferentes personas diciendo (e imponiendo a la vez) la idea malévola de que siempre será así. Que nada sucede ni aún cuando miles de cosas sucedan.
    La mejor arma de los sostenedores de la dominación es la imposición de un sistema que genera el consenso, el falso diálogo que intenta disfrazar un mundo de posibilidades infinitas que el capital y sus gobernantes deciden que no debe aparecer. El reforzamiento de los ideales nacionales de parte de la izquierda, por ejemplo, tiene el objetivo claro de domesticar (aún más) a la población creando la idea de que esto debe permanecer así como está, que éste es el mejor, el único escenario posible y que será así por siempre. Por eso tanta banderita, tanta unión entre empresarios, políticos y sindicalistas, tanta mierda organizada. Por eso Pachano, Tinelli, el peluquín de Tabaré y los calladitos de derecha esperando su nueva oportunidad. Apoyados todos en el “miren que bien que estamos, así lo dicen los números”. Una guerra estúpida y cruel se mantiene contra nosotros, eterna carne de cañón, los que dejan el lomo, los que son más proclives a perderse en el ensueño de tener Niké para ser algo, los que se enganchan con las drogas que siempre aportaron los ricos y que luego sus médicos nos dicen que debemos cortar. El capital se vende como eterno pero ya otras atrocidades “eternas” han caído, otras cortinas se desplomaron desvelando una infinidad de caminos posibles. No hay forma más grotesca de intentar acabar con los posibles sueños, esos que despiertan acciones, que la de un montón de viejos inmundos diciendo que nada se puede hacer, que ellos ya lo intentaron. Será verdad, una triste verdad pero sólo para aquellos que sueñan con tomar o crear el poder. La venta que hace de si mismo el capital, de la explotación como algo eterno, no es sustentable. Nosotros no tenemos una verdad que trasmitir a nadie pero tenemos una realidad distinta que disfrutamos y sufrimos diariamente, y que es opuesta a la que se vende en las vidrieras y en los paquetes turísticos. Somos una fuerza que se opone y se nutre de esa oposición, cuando potenciamos la reciprocidad, cuando apretamos los dientes combatiendo aquello que consideramos que está mal, estamos potenciando ese otro mundo posible, ese que escapa a la racionalidad del cobarde o a la del orgulloso cliente y que se hermana a cada acto solidario, a cada rebelión, a cada dulce liberad.

    Este número quiere reflejar, ser parte de un intento que continúa, no puede escapar a las reflexiones inevitables que se hacen en estos meses acerca de las cosas que han pasado así como a las promesas de las que pasarán. Recuerda aunque no lo diga explícitamente a los asesinados y encarcelados este año por el poder, también a los actos rebeldes que han sido muchos. Sin memoria no hay futuro, sin libertad no habrá paz…

    P.D.: Un diciembre pero de hace 100 años comenzaba el juicio contra la anarquista japonesa Kanno Sugano, en enero finalmente era asesinada por el Estado japonés junto con doce de sus compañeros, mientras que otros diez recibían condenas de cárcel perpetua y dos condenas de 8 y 10 años. Todos habían sido acusados de conspirar para matar al emperador. Todos habían cometido el crimen de querer un mundo libre y ponerse a hacerlo. Desde la prisión escribió que entre los barrotes pasaba sus días sólo observando los rayos de sol caer. Había peleado y murió más tarde por la “museifu”, la anarquía. La vida de los hombres y las mujeres no son eternas pero la opresión tampoco.

    El periódico lo podés conseguir en:

    La Unión:
– Quiosco (8 de Octubre y Felix Laborde, frente a la farmacia).
– Quiosco (8 de Octubre y Lindoro Forteza, frente al bar Santorini).
– Quiosco (8 de Octubre y Gobernador Viana, frente al Banco).
– Quiosco (8 de Octubre y Comercio).

    Malvin:
– Puesto de difusión (En la feria de Blixen, sobre la Plaza Delmira Agustini. Sábados, de 10 hs. a 14 hs.).

    Centro:
- Quiosco (18 de Julio y Juan Paullier, frente a Magisterio).
- Quiosco (18 de Julio y Tristán Narvaja, el rojo).
– Biblioteca Social Luce Fabbri (Fernandez Crespo 1813. Jueves, desde las 18 horas hasta las 21 horas).
- Quiosco (18 de Julio y Ejido, al lado de la Pasiva).
- Puesto de libros “Milranas” (En la esquina de Tristán Narvaja y Uruguay, Domingos, feria de Tristán Narvaja).
Cordón:
– Quiosco (Bvar. Artigas y Francisco Canaro, frente al Pereira Rossell).

    Cerro:
– Biblioteca Anarquista del Cerro (Chile y Viacaba. Lunes y Miércoles, de 18 hs. a 21 hs.).
– Puesto de difusión (China y Vizcaya, Domingos, de 10 hs. a 14 hs.).

    El Pinar:
– El Terruño (Calle Abayubá a pocos metros del Arroyo Pando, Interbalnearia Km.32,500).

    Las Piedras:
- Para conseguir el periódico en Las Piedras escribí a: laspiedras.anarquica@gmail.com

    Maldonado:
- Para conseguir el periódico en Maldonado, escribí a: maldonado.anarquico@gmail.com
- Para conseguir el periódico en Pirápolis, escribí a: pilvio1@gmail.com

    Salto:
- Para conseguir el periódico en Salto, escribí a: j.ananda@hotmail.com

    O sino podés descargarlo desde acá, clickeando sobre la tapa.

>> El problema de la inseguridad.

diciembre 17, 2011

    La inseguridad en sí no es un problema, es una sensación, un estado del espíritu, es la falta de paz, la inquietud que nos provoca no poder prever qué pasará mañana.
    En este lugar, la inseguridad toma diferentes caras, una de ellas, la más conocida, es la que se presenta en la mente de aquellos, que a fuerza de informativos, están a cada momento esperando ser víctimas de la próxima rapiña y que enfermos de esta paranoia gastan fortunas en el gran negocio de la (in)seguridad (rejas, alarmas, circuitos cerrados, etc.) y hasta son capaces de matar a su propia hija. Pero no hablemos de esta enfermedad mental, que ya hay muchos que hablan de ella. Vamos a hablar de una inseguridad más vital, aunque menos conocida: la que padecen aquellos que no tienen un lugar dónde vivir.
    Familias enteras viven día a día en la calle, expulsados del campo, gente que perdió su trabajo y no llega a pagar el alquiler, nuevas familias que necesitan un espacio dónde desarrollarse, entre otras situaciones. Muchos, cansados de aguantar esta situación, deciden poner manos a la obra y solucionar este problema por sí mismos… son muchas las casas vacías y mucha la gente sin casa, es tan absurdo como real.
    Ocupar una casa abandonada o un terreno baldío, individual o colectivamente, con el deseo y la necesidad de tener un hogar, sin pedir nada a nadie, es una solución válida. ¿Qué tiene ésto de malo?
    Pero hay cierta gente que no padece estas inseguridades, pero que gana plata con la gente que sí las padece. Empresarios del negocio inmobiliario, políticos que pagan favores con terrenos, sociedades anónimas allegadas a círculos de poder, promueven desalojos a familias de sus hogares, como pasó en Nuevo Capra, en el Remanso de Neptunia y como está pasando ahora en Marindia. Estas personas manejan grandes capitales y el Estado está a su servicio. Así se han hecho leyes que penan la ocupación de un terreno para vivir en él como si fuera un delito (ley votada en el 2007 por legisladores de todos los partidos), por otro lado como pasó en Neptunia, el Estado perdonó deudas a sociedades anónimas por décadas sin razón que lo justifique. Queda en claro que la ocupación es un mal ejemplo y hay que detenerlo, porque el pobre sino, puede saber que la vida no siempre tiene que ser sufrida y que las leyes que cuidan el absurdo no merecen ser respetadas.
    Reivindicamos la ocupación de tierras, porque reivindicamos el derecho de cada ser vivo de desarrollarse en un lugar de este planeta y no admitimos que unos puedan tener de sobra y otros no tener nada, mientras la naturaleza nos ha hecho a todos iguales.
    Aborrecemos a aquellos que ocupan terrenos para luego venderlos, perpetuando la lógica colonialista de apropiarse de la tierra como de una mercancía. A ésto oponemos la convivencia en una convivencia con la tierra que nos permita vivir en ella sin arruinarla y sin sentirnos sus dueños, sino parte de ella.
    No podemos esperar nada del Estado, ya que él siempre actúa del lado de los ricos y ante los constantes ataques que recibimos los ocupantes de parte de privados o públicos, tenemos en claro que sólo la auto-organización horizontal (sin jefes ni representantes) y el apoyo mutuo podrán ejercer una fuerza capaz de defender los proyectos de vida que se ponen en marcha en cada ocupación, como en la experiencia del Remanso donde la lucha colectiva frenó los procesos de desalojo. Fortalecer vínculos y demostrar al vecino no-ocupante que la ocupación no es un acto en su contra sino de reivindicación de un derecho natural de todo ser.
    Hoy en día, familias en Marindia Norte padecen la inseguridad de no saber si podrán seguir viviendo en las casas que hace 11 años ellos mismos construyeron, porque tienen un juicio de desalojo pendiendo sobre sus cabezas. En estos momentos es que la solidaridad se hace más urgente. Activar las redes de información y apoyo mutuo es vital, somos muchos (800.000 personas ocupan en Uruguay) en esta situación y vidas enteras se ponen en juego en cada desalojo.
    Porque hay muchas tierras en pocas manos y que exista gente sin casa es un atentado a la inteligencia.
    ¡Resistencia a los desalojos y solidaridad entre los vecinos!

    S.R.O.A. (Sociedad de Resistencia de Okupantes y Afines).
    Mail: okupantesyafines@gmail.com
    Web: http://okupantesyafines.blogspot.com