Paradojas contemporáneas.

abril 4, 2020

La solidaridad tensiona los límites del aislamiento y la muerte como denominador común en varios escenarios de la vida.

Asistimos al fin de una era. Esta afirmación ya se ha escrito en varios textos, pero en este caso no es un análisis abstracto, sino que se puede apreciar con todos los sentidos. La realidad tal como la conocemos ya no será y no porque nos hayamos puesto de acuerdo en que debía cambiar todo, sino por el simple hecho de que es imposible seguir con nuestras vidas en medio de la paranoia, el miedo y el control.
  La economía tiembla o eso nos hacen creer. Y la conclusión es que somos siempre lxs mismxs, quienes debemos hacer un esfuerzo para salvar al sistema, un sistema perverso que nos hace presa de sus juegos maquiavélicos.
  Respetar la cuarentena y consecuentemente perder la capacidad de generar nuestro sustento básico (como es el alimento o la vivienda) es la mejor idea que nos presentan para solucionar este lío y de no cumplir y permitirnos socializar y generar redes de apoyo, estamos siendo irresponsables. En estas semanas pudimos ver cómo el control desmedido sobre la conducta hace que las mismas personas presas de la cuarentena se indignen al ver a otrxs fuera de su casa. Tildándoles de potenciales asesinxs seriales, recurriendo a la vieja y denostada culpa y culpabilización. Sentimientos de lo más rancios, casi burlescos en un sistema que alienta al “sálvese quien pueda”, a la meritocracia o a la tan citada resiliencia, como formas de sobrevivir a los embates de la vida.
  Ahora desde el mismísimo Estado nos exigen que nos cuidemos entre todxs, pero con una pequeña trampita. Cuidarse es colaborar con la policía para controlar que lxs vecinxs cumplan con las disposiciones que los encargadxs del poder disponen. Así es como se vacían de contenido los conceptos (como la solidaridad y la responsabilidad individual y colectiva) y se hacen funcionales a sus estrategias de control. No existe la solidaridad y el cuidado responsable cuando la directiva es aislarte en tu casa y mirar temeroso y desconfiadx a quien se atreva a no cumplir con lo establecido.
  En este sentido cabe nombrar algunas situaciones que se tensionan aún más a partir de esta coyuntura, como por ejemplo las de violencia y abuso dentro del hogar. ¿Cuántas son las mujeres obligadas a mantenerse aisladas con su agresor? ¿Cuántxs niñxs y adolescentes con su abusador? No es una exageración la afirmación del aumento de casos de violencia intrafamiliar en cuarentena. El aislamiento forzado, la precarización de la vida, la imposibilidad de auto-abastecerse y de proveer económicamente, generan frustración y recrudecen la violencia que el agresor ejerce sobre la mujer, adolescentes y niñxs de la casa. Así como dificultan hasta casi la imposibilidad el sostener o crear redes y estrategias de fuga de esas situaciones (como pueden ser casas de vecinxs, o familiares) Si el gran aliado de las situaciones de violencia en el ámbito doméstico son la invisibilidad y la indiferencia, en tiempos de cuarentena y de #Mequedoencasa, esta no puede hacer más que aumentar.
  Frente a esto son varias las personas bien intencionadas que brindan como solución los números de la policía y de los servicios de atención telefónica del Ministerio. La cuestión es la siguiente: si en tiempos”normales” en la mayoría de los casos la policía y el Estado: no responden; tienen respuestas ineficaces al recepcionar una denuncia que nada cambia la realidad más que muy posiblemente acrecentar la violencia del agresor al enterarse de que la mujer o la infancia se animó a denunciar; o simplemente empeoran la situación re-victimizando a las personas en situación de violencia. Entonces, ¿por qué creemos que en la situación actual su respuesta será útil y contribuirá?
  Actualmente la respuesta estatal es nefasta. Desde la aplicación de la ley contra la violencia de género las denuncias se incrementaron, pero el sistema se encuentra desbordado. Por un lado, quienes entran en el sistema judicial se enfrentan una y otra vez a la revictimización y a la violencia de la justicia patriarcal que las culpabiliza y las expone junto a lxs niñxs y adolescentes al forzarlas a contar repetidas veces las situaciones que vivieron, como si una vez no bastara para dar cuenta de lo aberrante que es una situación de violencia y/o abuso. Por otro lado, existen 4 dispositivos (centros de protección) físicos que reciben a mujeres – que el sistema entiende que – corren riesgo de vida y a quienes se encuentre bajo su tutela. En todos estos espacios, se sobrepasa el número de cupos establecido, se vive en condiciones de hacinamiento y bajo un estricto control en el que los días transcurren en un encierro absoluto alejadas de sus redes vinculares. Esto sumado a que no existe una preparación o formación específica en género de los actores sociales y judiciales que participan en los programas y que son parte de los procesos que atraviesan las mujeres y sus familias luego de efectuada la denuncia.
  Esto ocurre en el mejor de los casos, ya que frente a la alta demanda de cupos por el incremento de las denuncias las que no entran a estos “dispositivos formales”, son redirigidas junto a su familia a los llamados “dispositivos de emergencia” . Traducción: son asignadas a hoteles de mala muerte ubicados en centro de la ciudad, donde los dueños arreglan con el Ministerio la parte económica y permiten que vivan allí, sin mayor contención ni acompañamiento, libradas a su suerte a la espera de una derivación para que un equipo se encargue de su situación, mientras transcurren sus días en una pieza pequeña con su familia.
  Es por todo esto que las buenas intenciones en este caso acaban por ser totalmente irresponsables y responden a la misma lógica que el poder nos dicta. El Estado va a solucionar nuestros problemas, por transitiva si tenemos alguna dificultad lo llamamos a él. Lo que se oculta detrás de esto es la falta de iniciativas individuales y comunitarias, de cuidados y de apoyo real en la cotidiana, que se agrava con la crisis relacional y económica que nos atraviesa.
  Si desatendemos la realidad de que el Estado existe para controlar y mediar todas nuestras acciones, en provecho de un sistema siniestro que se alimenta del sudor y la sangre de lxs menos favorecidxs, dejamos a su expensa la integridad y en el peor de los casos la vida de personas que ingenuamente acuden a él en busca de lo que no encuentran en su comunidad.

  Somos tan desmemoriadxs como para no recordar cómo estábamos antes, no hace 20 años, sino hace 6 meses. Olvidamos que salimos a la calle a gritar que “el Estado opresor es un macho violador”, que el capitalismo estaba destruyendo gentes y tierras y que la devastación era irremediable.
  La interrogante es si vamos a permitir que nos encierren en casa (si es que la tenemos) y que nuestra mejor opción sea llamar a papá Estado para pedir ayuda o si de una vez por todas vamos a tomar la dirección de nuestras vidas y nos vamos a hacer cargo de lo que nos corresponde (en la medida de nuestras posibilidades siempre, claro está). Esta segunda opción implica inevitablemente el involucramiento real con lxs otrxs, la responsabilidad que este conlleva y una ruptura con lo normalizado. Lo novedoso ahora es que ya no existe la normalidad tal como la concebíamos y tenemos en nuestras manos la posibilidad de crear formas nuevas, donde las palabras recobren su sentido y ya no sean el eslogan de una financiera o de un una cadena de comida rápida.

  ¡Porque lo queremos todo, no pedimos nada!
  ¡Hasta que recuperemos el sentido de nuestras vidas!
  ¡Por la anarquía!

.G

La hipótesis viva del anticapitalismo.

abril 1, 2020

Una nueva “sorpresa” nos trajo el capitalismo en estos tiempos. Aunque podría objetarse que no hay nada sorprendente en lo que ha pasado y que muchos avisos y advertencias se habían hecho sobre los problemas que trae la extrema explotación de la naturaleza. No vale la pena discutir y saturar aún más de argumentos acerca de cómo el coronavirus es una consecuencia directa del capitalismo. No hay objetorxs de esto, ni siquiera en lxs derechistas que últimamente fuerzan las redes para crear subjetividades neofascistas. Aceptan que el capitalismo acentuó este tipo de peligros desde lxs alt rigth hasta lxs militantes de Manini.
  Otra obviedad es la necesidad de una intervención seria de parte del movimiento revolucionario en general. Con fuerza, muchas personas demostraron un sentido profundo de solidaridad y las ollas populares han florecido en varios puntos. Un cercano recuerdo de la crisis del 2002 y varios resortes construidos lograron en tiempo récord la constitución de estructuras más o menos improvisadas de defensa frente al embate del sistema. De todas maneras, es necesario separar las aguas y superar el activismo. Esto no significa demostar o detener los espacios de apoyo mutuo surgidos sino por el contrario desarrollarlos.
  Podemos concebir dos propuestas de solución a mediano y largo plazo para todo este quilombo actual. Una es una solución tramposa que plantea fortalecer al sistema, volviendo a la “normalidad” lo antes posible y la otra abre el abanico a soluciones antiautoritarias que no nos dejen repetir el problema. Lo primero será identificar de qué problema hablamos. Vivimos en un sistema adaptado a las “catástrofes” o más bien que las usa a su provecho. Pareciera ser casual o un golpe del destino, que cada vez que sucede algo terrible como los llamados “desastres naturales”, más bien antrópicos y capitalistas, vemos al sistema salir fortalecido. Incluso una y otra vez aquellas muestras de apoyo mutuo y solidaridad surgidas en momentos duros parecen ser usadas, y de hecho lo son, por lxs sostenedorxs del orden. Al final lo más lindo de la gente termina decorando la miseria y sirviendo de argumento   para un “vale la pena lo que hay”.
  Echando un vistazo al panorama actual vemos una catarata de aprovechamiento, de política y espectáculo. Amén de las marcas que utilizan el momento para hacer publicidad y lavar un poco su imagen, vemos a lxs empresarixs organizarse para enfrentar el presente y el futuro inmediato. Igual que ellxs, nosotrxs debemos saber qué hacer y buscar nuestros medios para conseguirlo. Superar las propuestas defensivas es una responsabilidad, la más alta responsabilidad social, de hecho. Hoy el dominio se prepara para asegurar su “normalidad”, la misma que nos trajo hasta acá.
  Las estructuras defensivas, de apoyo mutuo, los buenos sentimientos de protección y empatía de las personas deben separarse de los intentos de acaparamiento de las estructuras estatales y paraestatales. Tampoco pueden ser las ollas y ayudas, iguales pero más débiles que las del poder creando la ilusión de la impotencia social frente al papá Estado-empresa. Para eso, habrá que meter un poco de espíritu de aventura, creatividad y cabeza.
  Indudablemente también, como gustan decir en la tele, ésta es una oportunidad para una serie de cambios. Está en nosotrxs que no sean cambios que fortalezcan la explotación y la fe en las bondades absolutas del mercado. Tenemos una oportunidad de soltar los prejuicios y buscar nuevas formas de intervención, de hecho, lo inoportuno de agruparse en grandes masas puede ser una oportunidad. Pensar que las “viejas formas” se deben usar en cualquier contexto es no confiar en nuestras capacidades. La comunicación es lo que no debe desaparecer aunque el aislamiento no nos lo hace fácil.
  Defender la autoorganización defensiva que surge en los barrios, alejarlas de la polítiquería y el espectáculo, alejar nuestras vidas de lo que produjo el problema es crucial. Para eso la claridad de las propuestas puede ayudar. Autoorganización, horizontalidad y objetivos subversivos claros. Que dar comida no se convierta en un deseo de recrear la normalidad. Hoy es necesario poner en cuestión lo establecido y responder a una pregunta crucial. Las falsas soluciones se están regalando, tienen mucho apoyo pero son débiles. Acá la solución falsa capitalista propone parches y es defendida por la derecha en el gobierno y por la izquierda del capital confusa y resentida por no tener el mando. El Frente Amplio acaba de asegurarle al nuevo gobierno su total apoyo para mantener el sistema a flote.
  Las diferentes soluciones autoritarias se están disputando el campo entre ellas, a nivel mundial se ha encarecido el sistema de vigilancia chino, la confianza en la militarización, los estados de excepción y el centralismo. El hecho de que es el propio sistema jerárquico, militarizado, centralizado y de explotación el que produjo el desastre vuelve a ponerse de lado. El mundo globalizado y sus amenazas constantes sólo pueden sostenerse, dicen, con una capacidad monstruosa de control social. Incluso autoproclamadxs anticapitalistas hablan de que no puede haber soluciones a las sociedades complejas actuales sin mastodónticos aparatos burocráticos de decisión y representación global. Cómo, en sociedades complejas, formas autoorganizadas, comunales, de consejos o asamblearias pueden no gestionar este mundo sino crear uno acorde a la cultura del apoyo mutuo, el equilibrio ecológico y la justicia social debe ser una respuesta dada a través de hechos. No hay otra forma de ganarle a sus aparatos de propaganda que una realidad diferente que les rompa los ojos.
  Fortalezcamos nuestras formas de defensa, rompámosle la boca a los autoritarismos viejos y nuevos mostrando no sólo que nos defendemos ante sus ataques sino que tenemos la capacidad de cuestionar el capitalismo en la práctica y vencerlo.

R.M.

Recibimos y publicamos | Escrache a farmacia de Montevideo por la suba de precios a partir del Coronavirus.

marzo 27, 2020

Comunicado anónimo | Ataque incendiario contra camioneta de empresa reguladora de energía UTE.

marzo 21, 2020

En la noche del sabado 14 de marzo colocamos artefactos incendiarios a varias camionetas de la empresa reguladora de energia (UTE) en las inmediaciones del Palacio de la Luz. En uruguay (al igual que en otros paises de la region) se anuncio una nueva subida de impuestos de dicho servicio, cada vez esta siendo mas y mas caro lograr sobrevivir… y ya estamos hartxs!. Por eso hemos decidido buscar en cada accion la recuperacion de nuestras vidas, ya no seamos esclavxs de este misero mundo, no nos conformemos con la comodidad de una vida impuesta, es hora de salir a la calle, razones sobran…

La lucha es por la libertad

A POR TODO.

BN.

Extraido de: ContraInfo