>> Un muerto y un barrio sitiado.

    La historia es conocida, el final un poco menos habitual, las razones, las mismas, las mismas que algunos ocultan, otros callan y otros ni se atreven a pensar.
    Una avanzada de la policía sobre el barrio Marconi acabó con una persona muerta y un barrio tomado (aún más) por la policía.
    La guerra que vivimos quiere vestirse de otra y hacernos creer que los bandos son: los “buenos ciudadanos” que sólo desean vivir en paz, lo cual quiere decir, dejarse explotar en el trabajo, pisotear por los cuerpos armados del Estado y ver como los suelos y el agua son saqueados o arruinados; y por el otro lado los “delincuentes y subversivos” que no aceptan la paz social de jodidos que son.
    Pues bien, no es así. Un barrio que sale a defender a sus hijos, a los que ahí viven de los policías seguirá teniendo esperanzas. No nos importa, y lo decimos enserio, no nos importa las características del muerto, ya habrá tiempo para saberlo, no era un político, no era un botón, no era el dueño de una boca, con eso nos basta.
    No es el caso tampoco, ahora, saber cual de los cinco uniformados disparó, todos son parte de un asesinato más de las fuerzas del Estado, como el de los que han caído en varias comisarias o víctimas de las balas de estos mercenarios.
    Si los policías son recibidos con piedras cuando llegan a los barrios es porque son reconocidos como enemigos. Otros reconocidos también pasan de largo ¿por qué? porque no siempre hay fuerza para atacarlos o mostrarles el desprecio merecido. Así pasan muchas veces patrulleros sin que nada pase o por esto mismo muchas bocas de pasta viven tranquilas (siempre contando con la ayuda policial).
    La autoridad, el poder, la coerción sobre los otros es ejercida con tranquilidad cuando su base se encuentra en la fuerza de las armas y la complicidad. Sufrimos a las mafias de las bocas de la pasta base porque están cubiertas por la fuerza de las armas y el cobijo policial. Es más, tomando en perspectiva ambas son la misma mafia aunque posean características diferentes, ambas están ligadas en sus bases.
    La idea de “buenos ciudadanos y delincuentes” no busca imponerse sólo contra los “desprolijos” de los barrios sino también contra cualquiera que se rebele a las normas de la explotación. Ejemplos sobran, repetirlo es necesario. Sediciosos, subversivos…
    El impuesto falso consenso de la paz (o pax) del Estado aúna a miedosos y dominadores.
    Hace falta valor, valor para reconocer quién es el que nos roba la vida, quien lo ayuda, quién lo acompaña y quién lo protege. Hace falta valor para ponerse a entender el mundo. Para cambiar y cambiarlo.
    Esos gestos de ayuda que hoy los medios de desinformación repudian y que la policía entiende bien (y por eso cercó el barrio) no tienen que confundirse con “gestos buenos al equivocado”, tienen que reconocerse como la base posible de un mundo posible. Jamás hemos pregonado que la solidaridad es ciega (si eso se entiende como un arma de personas que no interpretan y eligen en donde están parados), tampoco ponemos reglas de a quien se le debe prestar ayuda. Vemos en los actos de solidaridad una fuerza única, incomprensible, claro, para los autoritarios de toda cepa, que logra desprender eso bueno de las personas hacia sus semejantes. Y es bien claro, los botones no son los semejantes de los que los apedrearon, aunque intenten razonar los desinformantes que muchos tombos viven en barrios “marginales”. Las leyendas de “ni rastrillos, ni botones” sigue mostrando con claridad en cual vereda estamos, el poder se articula entre los políticos, empresarios chicos y grandes, sus instituciones y sus mafias que van detrás del dinero. Estas visten a veces traje haciendo plata con la explotación de personas o suelos y otras ropa deportiva haciendo plata con la pasta base que potencia la adicción de una sociedad adicta a muchas cosas. Estas mafias no toman el mismo alcohol pero imponen el mismo miedo sobre los demás. El de unos se basa en la simpleza de la fuerza de las armas, el de los otros un poco más en el consenso que da el paradigma de la “dominación legitima” y en definitiva la fuerza de las armas.
    Un mundo basado en el dinero implica orden, un orden basado en la fuerza. Los encargados de mantenerlo son los policías con la ayuda potente de los medios que repiten que “otra cosa” no es posible. Pero no sólo es posible sino que hay gente que pelea por ella haciéndola real. Los gestos, cualquier gesto contra los enemigos de la libertad nos enaltece si se apoya en lo más simple del mundo como en este caso, rechazar al enemigo de un mundo que divide en clases, que domina, y apoyar a alguien del barrio, a un cercano frente a los que vienen a imponer el orden del Estado.
    Si las cosas fueran como dicen los políticos algo raro pasa, algo está mal con el mundo que nos quieren hacer tragar…
    Mientras haya opresión la rebelión será legítima. La violencia que sufrimos y explota siempre generalmente haciéndonos pagar a los más oprimidos es consecuencia del orden del capital, mirar las consecuencias y aprovechar para ver que tan malos son los pobres es tan despreciable como equivocado el reducir el mundo a buenos pobres y malos ricos.
    Tiremos a las mafias pues sino nada cambiará, ataquemos al poder, cambiemos los cimientos de la vida, recuperémosla.
    Valor para pensar, valor para hacer. La libertad empieza con gestos libres.

Los anarquistas.


    * Autos incendiados en el barrio Marconi luego de los enfrentamientos con la policía generados por el asesinato de Alejandro Sosa.


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