>> La acción directa, cuando las palabras se usan bien.

    Nada pidieron, no hubo ningún intento de juntarse con nosotros. No hicieron ningún pedido, dijeron las autoridades del zoológico luego de varias movilizaciones y protestas que empañaron la “fiesta” de los carceleros y sus cómplices por los cien años de Villa dolores. La acción directa no buscó negociar nada. ¿Qué puede ser negociado sobre el encierro, tortura y reproducción en nombre del posibilismo pedagógico para “un mejor planeta”? Nada, nada se puede negociar. Los manifestantes que se negaron a negociar, que se negaron a usar tal metodología demócrata, consciente o inconscientemente, mostraron un camino donde se conjugan el decidir con el hacer. El rehuir a la negociación, al falso diálogo con el poder es mostrar y hacer efectivo un mundo en donde la fragmentación entre la capacidad del hacer y del decidir no existe.

    Los alcahuetes que deciden defender el encierro sin siquiera pensarlo son parte de un sistema que reduce todo a la lógica de la supervivencia. Esta no sólo existe en lugares en donde no hay para comer sino también en lugares en donde la existencia se reduce a una sola cosa. Acá, al consumo. Mantener el trabajo para consumir, mantener el encierro y su mundo, el statu quo, para sobrevivir.

    Quien negocia con el poder quiere una parte, a veces considera que la “merece”, que le corresponde. Quien ataca las estructuras de quien nos ataca, se defiende. Quien nada negocia ha encontrado el camino.

    A desterrar el falso diálogo, a vivir libres haciendo libertad.

Anarquistas.


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