>> Oratoria del Círculo Anárquico Villa Española, Malvin Norte y afines.

  No es esta la primera vez que damos la cara y no será la última.
  Lo hacemos de frente, mirando a los ojos, como tiene que ser.
  No para la tribuna o la prensa, sino para los compañeros y para quien este interesado en escuchar lo que hacemos y porqué lo hacemos.
  No es la primera vez tampoco que decimos lo que queremos decir, lo que pensamos sobre la vida que todos los días nos es robada por el Estado y por los capitalistas.
  Nuestro tiempo, nuestro espacio, yendo a laburar, tomándonos un ómnibus para ir, otro para venir, intentando pensar entre los descansos del trabajo tienen que pertenecernos.

  No es la primera vez que decimos que queremos seguir peleando y no será la última.
  Somos personas con un instinto de libertad que no se arrodilla frente al “mundo de las necesidades”. No actuamos por lo que nos dicen que se puede o no se puede sino por lo que queremos lograr. Y no queremos nada menos que la libertad total, la libertad irrestricta, la libertad para todos como único medio para asegurar la de cada uno. Queremos el libre y verdadero acuerdo entre individuos libres.

  No trajimos grandes análisis hoy sobre la realidad actual ni grandes diagnósticos, trajimos la convicción nuestra, la de siempre, para decirles que no tenemos pensado parar.
  Los anarquistas no tenemos proyectos políticos para presentar o imponer a la sociedad, nuestros proyectos son el ayudar, participar, actuar en la destrucción de este mundo que nos divide en engranajes de una máquina de no-vida terrible.

  Nuestra garantía es la confianza, la profunda confianza en que la gente puede.
  En que la libertad, la dignidad que da el hacer abre las brechas de una vida única que no vale la pena ser vivida para otros.
  Nosotros soñamos y por eso llevamos a cabo sin esperar por mayorías, un mundo sin patrones, sin carceleros, de una libertad total que aún no conocemos pero respiramos.
  Por eso somos y seremos enemigos del Estado, por esos somos y seremos enemigos de cualquier Poder. No importa si se llama rojo, celeste o popular, siempre habrá un anarquista poniéndole el pecho a la Autoridad.

  Somos parte de la lucha por la tierra donde hemos puesto en cuestión el nacionalismo, la idea de negocio, de dinero, y recordando a los eternos olvidadizos que el planeta no se esta muriendo sino que lo están matando. No queremos las costas de Rocha sin puerto de aguas profundas para que curren con ellas otros empresarios ligados al turismo, queremos todo un territorio libre de intercambio comercial, libre de relacionamiento basado en la explotación y el dinero. No queremos echar a las empresas extractivas hacia otros territorios, queremos que desaparezcan y con ellas todo su mundo de necesidades creadas e insanas. En fin, no buscamos un capitalismo más limpio o un poco menos sucio, no buscamos lavarle la cara a un mundo que sólo sabe de dominación hacia todo lo que existe. Queremos sacarlo de raíz y con el alejarnos de su lógica de porquería.

  Somos además, parte del mismo grito cuando las personas entienden que el enemigo viste de azul y no quieren que se aparezca en su barrio. También cuando en la práctica del hacer las cosas por uno mismo la solidaridad y la reciprocidad se abren paso. Cuando entendemos que un individuo que no se levanta se condena a estar agachado de por vida, de alquilarse, de venderse.
    No estamos en venta, por eso no nos pueden comprar.

  No es la primera vez, que nosotros, los sin partidos, los del sin poder nos aparecemos para decir, no que es lo que deben hacer los demás, sino lo que estamos haciendo nosotros e invitar a seguir haciendo entre todos, a hacer más, a hacer más duro. Hemos probado muchas veces nuestras convicciones y siempre lo hemos hecho en la calle porque es ahí donde las cosas importantes se definen.
  En estos momentos nuestros compañeros se están batiendo en todas partes del mundo, Italia, España, Turquía, Chile, Alemania, Suiza, Indonesia, México, Grecia y en todas partes donde hay conflicto social. En todas partes en donde se quiere seguir imponiendo un sistema que dice que las personas sólo valen por la plata que tienen. Las cárceles conocen del paso de los ácratas y todo revolucionario sabe que la pelea no es fácil pero que la libertad no se regala. No se da a ningún Estado, a ninguna Empresa o ningún gobierno. Cada compa que los Estados mantienen preso es un puño apretado, suelto y desesperado en la calle.

  Nuestras armas son la solidaridad, el mutuo apoyo, la acción directa. Por eso apoyamos la auto-organización de las personas para resolver por nosotros mismos nuestros problemas, para encontrar entre todos cuales son las soluciones.
  No estamos empezando nada nuevo, estamos continuando una lucha tan antigua como el tiempo. La que busca acabar la opresión sin querer convertirse a la vez en opresores. Sólo en la práctica se puede visualizar y potenciar las ideas de libertad, por eso las ideas anarquistas son tan desconfiadas con las teorías que vienen de la seguridad y la acomodación de intelectuales. Hay que pensar desde la práctica, por eso invitamos a hacer, a seguir haciendo, a buscar en la experiencia de libertad más libertad.
  Como siempre que hubo opresión, poder, dominio, autoridad hubo rebelión, la libertad es inevitable.
  ¡Viva la anarquía!


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