>> Sucesos en ruta 8: “vas a tener que mudarte del barrio, alcahuete”.

  Luego que un automovilista atropellara en ruta 8 a cuatro personas, una madre y sus tres hijos, varias personas salieron a protestar. Entre otras cosas acusaban al Estado de invertir en seguridad vial en las zonas con mayor interés económico mientras en las zonas pobres quedaba la gente regalada ante el crecimiento del tránsito.

  El jueves, al igual que se había hecho el miércoles, los vecinos salieron a cortar la ruta. Mientras se protestaba dos vehículos, una camioneta y un auto, aparecieron y secuestraron a un manifestante. Más tarde se sabría que eran policías que habían ido a arrestar a alguien acusado de ser un asaltante.

  Las personas respondieron a la provocación y los policías los atacaron. Dos personas resultaron heridas, incluido un manifestante con perdigones en el abdomen y otro con balas de goma en el tobillo. Tras la detención, los manifestantes arrojaron piedras e hicieron retroceder a los policías hasta donde se encontraba otra decena más de efectivos. Según la prensa, tres agresiones más sufrieron los policías entre las 19 hs. y las 20:30hs.

  A las 21:20 hs. los policías que habían retrocedido aún más fueron apoyados por grupos de la guardia republicana. Ya muchos manifestantes se habían ido y los que quedaban tuvieron que retirarse frente a la gran cantidad de tombos. Mientras se sucedían las pedreas, manifestantes que habían reconocido a un policía del barrio le gritaron “vas a tener que mudarte del barrio, alcahuete”.

  Nuevamente, en este caso tras el dolor de la muerte de varias personas, las personas tomaban la calle y frente a una provocación policial (llevarse a un manifestante en frente de los otros es una provocación, una demostración de fuerza e impunidad) respondían a las fuerzas del orden. En este tipo de manifestaciones la policía piensa que puede disparar tranquilamente y que no habrán consecuencias. La prensa hace énfasis de que son pobres, incontrolados, drogadictos y delincuentes.

  Las personas sacan su rabia y algunas veces la dirigen contra los guardianes del orden. No están lejos, al ver en ellos objetos donde descargar su bronca, ya que son ellos los que se encargan de custodiar el mundo de dominio. Mundo que tira a mucha gente hacia las periferias donde deben acostumbrarse a una vida sin seguridades mínimas, seguridades como, al ir a algún lugar, no tener que ir al costado de una ruta con autos pasando velozmente todo el tiempo.

  También se podrían haber resignado, olvidarse y quedarse callados frente al desarrollo del capital que los tira frente a esos riesgos. No muy lejos de ahí el Estado hace gala de grandes inversiones para el consumo y la domesticación. Ellos, como antes los vecinos de Santa Catalina o los de Ciudad del Plata, decidieron no callarse. Ese es un principio de dignidad. Si bien son casos diferentes, es necesario entender qué tienen en común: un mismo sistema de dominio, las mismas fuerzas del orden intentando siempre imponerse un poco más, y el apoyo de la prensa que arma, cuando son pobres, un circo despreciable. La respuesta directa, esa que asusta a progres y derechistas es otra brecha que se profundiza.

  Salud.

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