>> Nuevo material para descargar / Documentos para una topología insurreccional: Sudamérica.

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  Introducción necesaria a un trabajo más necesario.

  La necesidad de aportar herramientas a la guerra social para que no se convierta en una guerra standar es el gran problema que envuelve siempre nuestro accionar. “Contra la paz, contra la guerra, por la revolución social” decía una vieja consigna, y otra jugaba con las palabras declarando: “guerra a la guerra”. La conflictividad social existe, es co-substancial a este sistema y nos envuelve aunque creamos que podemos estar por fuera. En la falsa idea de que se puede estar por fuera encontramos a muchas personas y su indiferencia está emparentada con el más cruel cinismo. Aquellos que asumimos que el conflicto existe y que debemos hacernos responsables en él, entendemos que esa responsabilidad implica también que nos hagamos fuertes, pues debemos salir de él.

  Aportar algo en la guerra que libra el capitalismo contra nuestra supervivencia, contra la libertad y contra las posibilidades de un mundo libre, es el cometido de este texto. Solo reaccionar nos hace rebeldes, y lo somos, pero reaccionar bien, de forma inteligente y conciente de lo que queremos, nos convierte en revolucionarios. La capacidad de proyectar nuestra lucha nos da una oportunidad, de otra manera estamos condenados. Lo que buscamos no es sintetizar datos para mostrar lo terrible de la devastación de las empresas, su carrera de destrucción constante o las diferentes resistencias que le hacen frente. Bucamos dar armas para que aquellos que decidimos vivir en libertad y plantarle cara a la devastación podamos crear acciones concretas para atacar a los proyectos del capital y el dominio.

  El anticapitalismo que quiere no ser sólo una molestia, un dato o una anécdota, debe nutrirse de conocimiento para enfrentar a los proyectos concretos por donde se desarrolla la devastación organizada del capital. Sin crear nuevos especialismos o un nuevo credo de donde surgirían magicamente las herramientas del qué hacer, tenemos que tener, y poner en común, el conocimiento necesario para un accionar insurreccional, potente y coherente. La lucha se da en un territorio determinado, con características bien específicas, con enemigos bien concretos, y con sus particularidades, conocer todos estos elementos es nuestra responsabilidad.

  El texto que sigue debe leerse como una pequeña introducción a un trabajo colectivo que debe hacerse para entender, y así poder neutralizar, los caminos que siguen las diferentes empresas y los Estados. Debemos conocer sus bases programáticas, sus planes así como los nombres de sus responsables. Sus planes son concretos, muchas veces ni siquiera secretos (aunque los hay y ultimamente las grandes empresas exigen en sus contratos la cláusula del secreto), y la dominación tiene siempre una estructura física y localizable que la crea o potencia. Si bien nuestra lucha es integral en todo sentido, por ejemplo, considera totalmente inaceptable la búsqueda del Poder y entonces la aplicación de cualquier medio autoritario para conseguir sus objetivos, la integralidad se compone de elementos reales y concretos. En la lucha social, tenemos que llamar a las cosas por su nombre y para nombrarlas hay que conocerlas, solo así podremos atacarlas realmente.

  Este texto entonces es solo una breve introducción para los compañeros que deseen ir generando un mapeo del conflicto. Un sitio para ir tomando en cuenta donde se están sucediendo los avances más importantes de las estructuras del capital en el continente, quiénes los generan y si hay o no resistencia que se sepa. Será un saber aproximativo y siempre carecerá de información. El hecho de su incompletud no nos asusta, el trabajo de conocer la conflictividad será siempre imperfecto y dinámico. Todo el tiempo están habiendo idas y vueltas en los planes y las luchas contra el capitalismo, ahora “extractivista”, que sufrimos. Aveces los planes cambian por visicitudes del mercado, otras por las resistencias que los frenan o desvían. La única forma de internacionalizar la lucha por la verdadera autonomía y la libertad es conociendo las diferentes realidades locales. La universalización de la lucha se hace desde abajo, desde la sumatoria de las diferentes tensiones y no desde arriba, creyendo saberlo todo, creyendo tener todas las recetas, o peor, queriendo dar los “programas” para que los demás actúen.
  Lejos de todo eso, nuestra intención es ir generando herramientas para que cada uno pueda ir creando una proyectualidad en su lucha. Para esto es necesario entender primero la conexión que cada lucha tiene con las demás. Buscamos siempre la ligazón que cada cadena de nuestras vidas posee con el sistema que nos gobierna y las posibilidades reales y concretas de abolirlo.

  En nuestro territorio varios son los planes militares, políticos y económicos que se entrelazan generando una maraña en la cual podemos ser títeres de los Estados o agentes de cambio. Al sur del continente americáno encontramos el IIRSA (cosiplan), un plan basicamente de corredores inter-oceánicos que busca profundizar la explotación a través de la lógica del capital (menos tiempo, más beneficio, etc.). El plan busca crear basicamente más y mejores infraestructuras para profundizar el dominio, o sea, los diferentes negocios. En lo económico, sudamérica se presenta como un exportador de materias primas y necesita afirmar aun más su capacidad de movilidad y seguridad, mover las mercancias velozmente y asegurar que no haya resistencias. Ningún elemento se da por separado, seguridad, tecnología y política son solo diferentes patas que se toman en cuenta a la hora de planificar el negocio. Para acelerar el traslado de las mercancias (sobre todo “bienes naturales”), se necesita un plan político que allane el camino jurídico, sobre todo enfrentando las diferentes autonomías locales o los diferentes intereses comunitarios (“pueblos originarios”, etc.), y para que esto pueda darse son necesarias, a la vez, grandes inversiones en seguridad, mucha policía que ataque a cualquiera que se resista a los planes que impone el Estado.

  El IIRSA (COSIPLAN) generará un gran cambio (que ya se está produciendo) en el territorio americano profundizando la explotación de la naturaleza con los designios del capital y regulado por el mercado a través de los Estados. Éste solo podrá ser detenido con un nivel generalizado y profundo de resistencia. Distintas luchas tendrán que acoplarse, superponerse y coordinarse para enfrentar a ese nuevo avance del progreso, o sea, de la explotación y el dominio del capitalismo sobre la vida. El plan abarca lo militar, nuevas bases militares, la seguridad, más policías y mejor preparados para las resistencias, la economía, potenciación del capitalismo extractivista, y la política, cambios o “mejoras” en las regulaciones y normas estatales sobre el territorio.

  Desde la llegada del capitalismo financiero el Estado continua su reestructuración desconcertando y llenando de incertidumbres al pensamiento autoritario que busca oponérsele. Mientras se dan los cambios, las viejas concepciones estatistas sólo se resignan a proponer antiguas fórmulas desde siempre cadúcas y hoy más que nunca imposibles. Los resignados proponen y esperan un “nuevo” Estado salvador, a la vieja usanza moderna, que a través de regulaciones pudiera sino acabar, por lo menos poner coto a la mercantilización casi absoluta de todo lo vivo. El viejo marxismo entiende la reestructuración de los modos estatales como una desregularización y abandono de funciones “naturales” o “propias” que puede y “debe” ser revertida. La ironía de esto último sería graciosa si no fuera patética. Ante el espanto de un mundo volcado al vacío del mercado internacional y sus estructuras de mando, muchos solo imaginan volver a las viejas cadenas de un aparato de opresión, idealizando cada vez más un pasado no muy lejano.

  Así como no es posible aquella vieja idea del socialismo de la toma de los medios de producción sin la necesaria destrucción de la mayoría de las estructuras económicas que sustentan esta realidad, que la producen, reproducen y defienden, no es posible tampoco volver en el tiempo a una celda más segura. Será la verdadera autonomía individual y colectiva, la decisión que por fin salga de las diferentes comunidades, la que se oponga desde una lógica diferente con matriz en la vida y la libertad, a la lógica y avance del poder. Tendrá que revertirse desde la lucha, el modo de pensar que determina que todo es mercancia y que debe estar sujeto a la dinámica del costo-beneficio. Es también el paradigma de la “dominación justa”, la dominación de un hombre sobre otros (el Poder político), y del Hombre sobre la naturaleza, el que debe ser destruido y que debe dar paso a un nuevo modo de convivencia y modos de relacionamiento.

  Al llegar al sur del continente los conquistadores españoles quedaron perplejos por los diferentes pueblos que habitaban esas tierras. A diferencia de los imperios de más al norte, estos parecían no tener ni fe, ni ley, ni rey. Por supuesto que los “salvajes” tenían sus religiones aunque no fuera la cristiana, también tenían lideres aunque estos carecieran de poder político, o sea que no eran la Autoridad con fuerza para hacer lo que se les antojara, y tenían también sus costumbres aunque no leyes, o sea que no tenían normas jurídicas con imposición y coersión. Nosotros que no somos oscurantistas y que no queremos un retroceso, por otra parte imposible, pero que tampoco somos de la religión del Progreso, la religión de la ciencia, y que sabemos que modos diferentes de relación son posibles, necesarios y deseables, seguimos nuestra lucha desde las formas autoorganizadas y antiautoritarias. Por ellas y desde ellas practicamos nuestra lucha, desde ellas y por ellas nos proyectamos para el derrocamiento de un mundo que niega la vida. Es necesario transformar desde sus bases el lugar en donde vivimos y la forma de habitarlo, en eso andamos y no tenemos pensado parar.

  “La tierra no se vende, la tierra se defiende”.

Río de la Plata.
Diciembre del 2014.

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