Fotos de la jornada de recuperación de la plaza “Acción Directa” (Gaboto, esquina Paysandú).

Un acto de desobediencia.

Una “acción indirecta” sería la realización de una iniciativa mediada por una persona o grupo exterior. En el mundo actual, las personas van perdiendo la capacidad de hacer por si mismas, la capacidad de crear y luego de defender sus propios criterios. En cambio, “acción directa” es el hacer de una persona o colectivo por si mismo, sin necesidad o intromisión de nadie ajeno. Admitiendo el aprender o el ser influenciado por otros, la acción directa niega la dependencia de agentes exteriores. Por eso, el concepto, nos lleva directamente a la idea de libertad y de responsabilidad. El que no exista ingerencia nos libra de caer en todos los peligros de la autoridad, actuar para satisfacer necesidades que no son nuestras, vivir para otros. Pero también podemos entender la acción directa en su relación con la responsabilidad, la capacidad de poder responder por los actos. Como no somos ni queremos ser ciegos o esclavos, tenemos la voluntad, elegimos, tomamos nuestras decisiones y por ende, respondemos por lo que hacemos.
  Algún avezado ya habrá advertido que las dos caras de la acción directa son en verdad una sola, pero lo cierto es que se puede ser responsable de lo que uno hace sin ser libre y se puede no depender de nadie sin tener la capacidad de ser responsable. Si la primera cara es, entonces, la libertad, ser libres de jefes, la segunda es la responsabilidad, ser dueños de lo que hacemos. Una sociedad de libres acuerdos, no basada en el valor/dinero, ni en la competencia o la dependencia al mercado, se construye potenciando la capacidad de las personas de hacer por ellos mismos.
  Hoy le quitamos a una ciudad que nos anula un cacho de tierra y un cacho de muerte. Hoy una esquina en ruinas se levanta para arruinarles el juego a los poderosos. Hoy construimos un pedazo de vida, un lugar para crear otro tipo de relaciones, un lugar para compartir, mirarse a los ojos, jugar y así luchar, recuperando nuestro tiempo y nuestro espacio. Una plaza puede ser sólo eso, un cacho de suelo y algún banco, un lugar para tomar y dejarse ver por la policía o puede ser una oportunidad única, una oportunidad de ser mejores, de ser más libres y de aprender lo que queremos y cómo hacerlo.
  Hemos venido a este mundo sin mucha cosa y mucha cosa nos han metido, ahora es tiempo de repensar lo que queremos. Simplemente es hora de descartar lo que no nos sirve y animarnos a hacer lo que soñemos. Sólo los llamados realistas y los miedosos hacen lo posible, por eso repiten y jamás crean nada. Crear es un acto de desobediencia, se desobedece al mundo que se deja atrás.

Una plaza peligrosa…

Esta plaza ha sido recuperada para potenciar nuevas y peligrosas cosas. Si quienes planifican y crean las calles de la ciudad se preocupan por evaluar gastos, dinero y represión, cuánto les va a costar, cuanta rentabilidad produce gracias al traslado de mercancía y cuánto aportará al control de la población, nosotros la recuperamos para potenciar otros modos de existir. Queremos y necesitamos más relacionamientos libres para un mundo más libre. Mirándonos a la cara, reaprendiendo entre todos qué queremos, conspirando, dialogándo, nos alejamos y nos oponemos la cultura imperante de dependencia y consumo. A nadar se aprende en el agua y es por eso que un mundo que cada vez más nos encierra en nuestras casas y nos hace desconfiar unos de los otros se enfrenta creando espacios de nuevas relaciones y destruyendo las viejas. Un mundo que cosifica a la naturaleza, a las personas y nos transforma en mercancía debe ser acabado por uno de relaciones enriquecedoras en términos de placer, juego y libertad. Hoy vuelven las plantas, el sentarse recuperando el tiempo, el mutuo apoyo. Hoy vuelve el ejemplo de que no necesitamos de nadie para recuperar nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestra libertad…
  No hemos esperado por nadie, no hemos pedido permiso a nadie, hemos recuperado el espacio para nosotros y para los demás pensando en nuestras necesidades reales, no las del Estado, no las del negocio y la planificación urbana.
  En un momento en el que el barrio se reestructura echando a los vecinos pobres, llenándose de cámaras y trayendo las luces de una nueva ilusión que traerá más control y muerte, nosotros creamos resistencia, es decir, vida. Porque es vida potenciar los medios para una comunicación real y es vida oponerse al progreso del mundo del dinero.
  Una plaza no es suficiente, eso es segruo, pero hoy no estamos haciendo una plaza sino dándonos una nueva oportunidad. Seamos peligrosamente libres…

*Volante repartido durante la jornada.


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