La izquierda del Capital / El neo-habla del Frente Amplio.

En estos días varias familias Sirias están acampando en pleno centro montevideano. Hay que recordar que son familias traídas por el gobierno frenteamplista que hizo todo lo posible por dar a conocer el hecho en un gesto de propaganda y llamándole descaradamente “acto de solidaridad”. En algún momento, por la cabeza de algún estatista pasó la idea de que la solidaridad tiene algo que ver con el autobombo propagandístico y el engaño más manipulador. Pero “somos mejores que los otros” se justifican tristemente los que no hacen más que reproducir la misma lógica mercantil y que al igual que otros empresarios usan a las personas en sus campañas.
  Hoy, esas familias denuncian lo que consideran “engaños” de parte de sus salvadores refiriéndose no al engaño de base, el uso político de la supuesta ayuda, sino el más simple, de lo “prometido no cumplido”. Lo peor de todo esto es que la jugada que hicieron los progres al final tiene para ellos un saldo positivo. En la sociedad espectacular en la que vivimos (en sentido de show, de mediatización de la imagen), el gesto más difundido, en este caso aquella inmunda propaganda que se hizo de esta gente, es el que termina quedando más profundamente en las personas. El propio egoísmo dependiente y la falta de autoestima se encargarán de repudiar las protestas que ellos hacen hoy.

  La jugada funcionó en su momento y el hecho de que hoy se haya difuminado el interés por aquellas familias cumple el ciclo normal de la “agenda” que los medios necesitan, usan y potencian. El contenido no es importante sino darle un marco muy grande y colorido para que se transmita el sentido a difundir. Fue el propio asesino de Hitler el que dijo que había (el nacional socialismo) ganado Alemania gracias a los altoparlantes. Ese momento de la historia humana se inscribe en el comienzo de la sociedad de masas. En una sociedad de masas el individuo (aquel proyecto de ser crítico forjado para y en comunidades fuertes) fue desplazado para que una turba, convertida cada vez más en cliente, tomara su lugar.
  Para que haya sociedad de masas se necesita comunicación de masas, de ahí lo de los altavoces, de ahí los bombos y platillos que llamaban “solidaridad” al show político montado por la prensa y el gobierno. No se trata de que el Estado y el capital distraigan a la gente de la verdad, se trata de que crean la verdad (lo que existe y lo que se considera posible).
  El espectáculo está estrechamente vinculado con los procesos de domesticación humana y su dependencia a organismos centralizados de poder. El robo descarado de los sentidos de viejos e importantes conceptos como el de Solidaridad o Respeto para empresarializarlos sólo es posible en este momento gracias a la pacificación que han venido creando durante muchos años. Aquellos que asistían a un acto de masas nazi se habían acostumbrado a la idea de escuchar a alguien que no podían mirar a los ojos o retrucarle nada pero que oían bien gracias a los altoparlantes, ellos y muchos a su lado. Ese tipo de comunicación, adaptada para ser dicha a miles de personas diferentes y con contenidos simplificados, creaba las condiciones para reducir y manipular la realidad a conveniencia de quién tuviera los medios. Los que hoy aceptan que la solidaridad puede tener algo que ver con empresas que hacen publicidad o con políticos, se han acostumbrado a un discurso que dice en que el lucro y la competencia son la única verdad.
  Más allá de Vázquez, Mujica, Lacalle, Bordaberry o Rubio, más allá de la Teletón, el “colaborá con un peso para…” o el Mc Día Deliz, aun la Solidaridad no tiene que ver con ganancia, rédito político, engaño o lucro. Más allá del mundo de la política y el negocio, hay otro mundo, más viejo, fuerte y que no se rinde…

R.M.


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