Cuando el Dr. Frankenstein desconoce a Frankenstein.

Cuando son analizados los vínculos entre la pobreza y la violencia como prolegómeno para la delincuencia, cierto relato suele repetirse en lxs bien pensantes de la prensa y sus repetidorxs. El relato dice a grandes rasgos que un gran sector de la sociedad ha sido abandonado por los organismos del Estado que debían ocuparse de él. Dichas personas no consiguen trabajo y siendo éste el centro de la existencia, algunxs pasan a delinquir. Un factor que alimentaría el nacimiento y la reproducción de la cultura delicuencial sería la guetización cada vez mayor de la sociedad. La incapacidad de la integración de estos sectores, entonces, estaría unida al crecimiento de un ethos antisocial y anti-comunitario.
  Los guetos son denunciados por lo menos desde los noventa y son ciertamente una realidad en el territorio, en ellos se piensa cuando se habla de fragmentación social. Pero el relato falla al no analizar los vínculos de esos guetos “marginales” con la cultura, llamémosle mayor, que es propulsada constantemente por instituciones, empresas estatales o privadas y los medios de comunicación masiva. El mercado y el Estado coadministran la producción de subjetividad pero sus defensorxs no tienen interés en debatir su responsabilidad con los sujetos guetizados. Varios de los supuestos del relato predominante deben ser puestos en cuestión. Por ejemplo:
  1. Los intereses de las instituciones estatales son diversos y hasta opuestos a las de las (otras) empresas del mercado. Este hecho se desploma al mirar a vuelo de pájaro nomás la propaganda y el mutuo apoyo entre empresas privadas y estatales. La paridad de lógicas de funcionamiento y los procedimientos de las empresas e instituciones estatales y privadas no tiene verdaderamente diferencias. Las instituciones estatales comparten lenguaje, objetivos generales e intereses con las privadas, aunque muchxs se nieguen a aceptarlo. Suele decirse que justamente los objetivos son lo diferente pero cuando éstos están subsumidos a una lógica común de consumo es sólo palabrería. La “empresarización” estatal no es un proceso aislado ni de la mercantilización de la vida ni de la apropiación y sustitución del Estado de todos los vínculos sociales. El capitalismo financiero depende de estos cambios en el Estado para no tener que retroceder en sus objetivos.
  2. El gueto es lo aislado. Cualquiera encontraría inmediatamente en el cante el ABC del ethos capitalista a su máxima potencia. De hecho, es esa potenciación de los modos capitalistas lo que tensa la relación con las normas de la pasividad y la domesticación. Todos los valores capitalistas difundidos constantemente están presentes en esos guetos tan en crecimiento. Un ladrón es un financista impaciente, dijo Barret. Al parecer, la felicidad debe vincularse obligatoriamente con la mercancía pero las formas rápidas sólo le están permitidas a lxs ricxs. La clase media quiere, pero no se salta las reglas y por eso se considera la representación misma del ciudadano. El gueto no es contrario a los mandatos del mercado, apenas está en tensión con ciertas reglas.
  3. El vínculo del gueto con el Estado no es de carencia sino de funcionalidad. Es cierto, es una funcionalidad tensionada, pero es funcionalidad. Si cierta domesticación más ciudadanísta no ha triunfado en los guetos sí la subjetivación capitalista en general. Competir, ser en tanto se tienen objetos y fragmentarse con la ilusión de una felicidad continua son mandamientos para los fanáticos de la religión predominante.
  4- El gueto no carece de valores sino que ha asumido los valores que se difunden diariamente por los medios masivos de comunicación. Que lxs defensorxs del orden desconozcan el origen del monstruo al cual están directamente relacionadxs actúa como un olvido interesado. Se impone el mandato de comprar y competir pero luego se esconde la mano. Las instituciones no son contra-instancias que pueden crear otro tipo de sujeto sino que intentan solamente cercenar y encausar al mismo tipo de sujeto de consumo. La estupefacción de muchxs progres y gente linda del gueto socialdemocrático ante la cultura del delincuente es cómica. Es la misma ignorancia que han sabido mostrar en otras situaciones como por ejemplo en la queja de que lxs pobres se compran teléfonos con la plata del MIDES. El no entendimiento de las necesidades creadas y potenciadas por el capital, de los valores (y no su falta) introyectados en nuestros barrios sólo corona el cinismo actual.

  Nuestra intervención debe apuntar a la recreación de la vida social desde valores antagónicos al dominio. Arrebatarle sin tapujos al Estado su colonización, lo cual significa enfrentar al Capital, sus supuestos y lo que sucede a partir de sus supuestos pero no porque sea una lucha abstracta, una batalla cuyo único medio es la razón. La lucha contra la dominación debe dirigirse donde el Poder se concretiza, entendiendo que éste ya no reside principalmente en los centros de la política sino en las estructuras que posibilitan su logística. Actuar localmente y pensar globalmente.

R.M.


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