Efemérides | 15 de Mayo de 1988, prisión del cantante de Clandestino.

Finalizada la dictadura cívico militar, la comunicación intergeneracional entre quienes no sentían una afinidad con la realidad social quedó desgarrada por el terrorismo de Estado. La juventud antisistémica canalizó su apatía y rebeldía, entre otras formas, a través del punk, el rock y la contra cultura alternativa que se generó en su entorno.
  Como contra partida, el gobierno municipal había organizado en noviembre de 1986 la primera edición del “Montevideo Rock” en la rural del Prado, donde hubo roturas de vidrios por pedradas y disturbios a la salida del festival. Unas semanas antes, el 24 de octubre, había organizado un concierto de rock en el Teatro de Verano, donde se invadió el escenario, provocando un descontrol generalizado de pedradas y corridas. Al año siguiente, en el “Montevideo Rock II” la Intendencia dispuso un gran despliegue de seguridad, negando la entrada de algunxs y prohibiendo el ingreso de objetos como cinturones con tachas, sin lograr aplacar la tensión reinante.
  Para la joven democracia burguesa, ser joven era ser un delincuente, las razzias estaban a la orden del día, y salir un sábado de noche era casi sinónimo de terminar apaleadx y durmiendo en un calabozo.
  A pesar del prestigio obtenido en el “Montevideo Rock I”, donde bandas como Sumo o Los Estómagos canalizaron la rebeldía por medios institucionales, ya en la segunda edición del festival se había visto cierto rechazo del público rebelde ante las “estrellas” del rock nacional.
  El festival “Montevideo Rock-dó”, en mayo de 1988, era un intento de los sectores progresistas del gobierno municipal (colorado) por reconquistar la simpatía juvenil convocando bandas poco conocidas como fue el caso de Clandestino, integrado por jóvenes de unos 20 años de edad.
  Clandestino inició su actuación, puteando a los políticos y gritando vivas a la anarquía, y cosas como “esta canción se llama nos cagaremos en el parlamento, se la dedicamos al Intendente, nos quieren hacer creer que esto es una democracia, mentira esto es una joda” como quedó registrado en el documental “Mamá era Punk”, hoy disponible en Youtube.
  El hecho en sí, quizás por demás anecdótico que derivó en el procesamiento con prisión del cantante de la banda, nos muestra una fotografía de la cultura rebelde de los años ochenta, que no se encadenó al negocio y al espectáculo del capital, una vertiente rebelde, disidente y antisitémica que intentó expresar, por cualquier medio, el rechazo y la oposición a la normalidad democrática. Normalidad impuesta sobre los huesos y el silencio de lxs desparecidxs, como señaló un fanzine por esos días; “En este país se puede perdonar a torturadores, a gente que hizo desaparecer personas, pero la “justicia” no puede perdonar a jóvenes que cantan lo que siente.”
Hasta el 17 de junio duró la reclusión del rebelde, luego más bandas, más grupos juveniles, más movidas desafiaron y desbordaron la represión, trascendiendo la normalidad y buscando formas autónomas de autoorganización social.
  Hoy podemos tener la certeza y la tranquilidad de que antes que nosotrxs hubieron muchxs que se jugaron el pellejo para que la rebeldía no sea solo una posibilidad sino la única manera de saciar nuestras necesidades vitales. Clandestinxs somos todxs lxs que buscamos la felicidad por fuera de los callejones sin salida del sistema democrático capitalista…


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