Mitad de semana | Vinculadxs con la revolución.

Con el objetivo de investigar los efectos del aislamiento, un “respetado” profesor de psicología yanqui, H. Harlow, hizo criar monos desde recién nacidos hasta incluso los 12 meses en cámaras de acero inoxidable. Los monos bebé no tenían contacto con nadie, ni siquiera con su madre. Los resultados de la investigación mostraron que el aislamiento se relaciona directamente con la respuesta socioemocional primaria del miedo. Más que cualquier otra cosa en los monitos había miedo. Además de mostrarnos la mierda que supone este tipo de investigaciones, los resultados nos pueden hacer reflexionar acerca de varias cosas. Una de ellas es la socialización en la comunidad entendida como mutuo apoyo, afecto, reconocimiento y potencialización de las capacidades.

  Pasando a otro ejemplo, siempre me llamó la atención la relación entre los perros y sus “dueños” (no uso a propósito términos como acompañante, cuidador o lo que sea). Los vínculos que tenemos con los animales domésticos y su comportamiento reflejan varias de las carencias socioafectivas que tenemos en la actualidad. Miedo, agresividad y ansiedad son características comportamentales ampliamente extendidas que podemos ver en los animales domésticos como una proyección de las nosotrxs mismxs. En la socialización, aprendemos los modos para lidiar (o no) con lxs otrxs. La crianza y la convivencia nos determina pero en el caso de las personas la determinación puede ser menor o más laxa. Los humanos necesitamos de lxs demxs igual que otros animales gregarios pero nos diferenciamos tanto por la capacidad de transformar nuestro entorno como por nuestra amplia “neotenia”, la capacidad de aprender toda la vida. En cambio, la capacidad plástica que tienen las mascotas es más limitada. O sea, el entorno que hemos creado y los vínculos que hacemos desvisten nuestras miserias pero podemos cambiar.

  “La felicidad te necesita estúpido”.

  Si en la sociedad prima la carencia, las personas son constantemente aisladas y se les inyecta que lo único que vale es “tener, consumir y obedecer”, no podemos esperar de ellas más que un coctel de sumisión al orden y agresividad. La reapertura de los shoppings bajo la pandemia da cuenta de la centralidad del mandato consumista en nuestro entorno.

  La ilusión de que la felicidad está en consumir y mostrarse está directamente relacionada con los modos y modelos de la socialización actual. Hoy cada persona quiere ser una marca registrada que se promueve a sí misma. No hay nada más común en las redes de internet que millones de personas hablando de alguna singularidad que paradójicamente las hace igual a millones más.

  Un montón de imbéciles tal vez necesiten datos como los del estudio científico para relacionar y entender lo que las pequeñas y grandes comunidades han manejado siempre. La exclusión, el aislamiento y el vacío sólo producen miedo. La aceleración del consumo voraz y desesperado sólo producirá aún más. Miedo convertido en represión, en aparatos armados, en amenaza, en control, en desconfianza y en baja autoestima. Un mandato constante de consumo intenta acallar la falta de sentido y soledad en nuestra sociedad, una sociedad sin comunidades.

  Hasta que el miedo se silencia.

  La revolución social es más necesaria que nunca pero parece no ser deseable. De repente, un montón de indignadxs se atreven a enfrentar las injusticias sociales y nuevas fantasías recorren el globo. Es en ese momento donde parece recrearse una comunidad que se cuida, se reconoce y reacciona en común. Como el animal aislado sentimos miedo a lxs otrxs, al cambio y hasta a nosotrxs mismxs pero cuando se recrean los lazos lo controlamos. El miedo no desaparece ni desaparecerá nunca del todo pero puede dominarse.

  Recrear lo social para un verdadero y libre desarrollo de las potencias involucra enfrentar al miedo a nuestro alrededor, romper la aislación y la desconfianza. Involucra rehacer los vínculos, pero sobre todo, ir contra lo que crea seres atomizados para hacerlos vulnerables y controlables. Crear comunidades de reciprocidad, afecto y libertad Involucra ir contra la máquina del miedo, en definitiva, barrer al capitalismo y al Estado.

R.


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