Efemérides | 27 diciembre de 1971, fuga de Mejías Collazo de Punta Carretas.

A pocos meses de realizada la histórica fuga del Penal de Punta Carretas conocida como “El Abuso”, donde se fugaron 111 presos, el 27 de diciembre de 1971 se produce otra fuga, donde si bien el fugado es solo uno, es una fuga especial por quien y en que circunstancias se realiza.
Heber Mejias Collazo había sido uno de los fundadores del MLN-T. A través de la militancia en el sindicato bancario entra en contacto con la propaganda obrerista realizada por la FAU (anarquista).
En ocasión de realizar una acción conjunta con miembros de FAU en un 1ro de mayo, ésta es desautorizada por parte de la dirección del MLN y Mejías junto a su compañera quedan, de hecho, fuera del MLN y dentro de la órbita de FAU, donde consolidan su aparato armado.

Dicha acción conjunta fue considerada una suerte de traición por los lideres del MLN y cuando Mejías cayó preso en el Penal se dio la orden a la abultada cantidad de presos del MLN de hacerle el vacío, el cual se sumó al amargo trago de la reclusión.
En ocasión de realizarse la fuga de “El Abuso” Mejías no ocupó uno de los tres lugares para la fuga que se ofreció a la OPR (aparato armado de FAU).
Sin embargo, mientras los milicos se encontraban en grandes obras para restaurar los daños producidos por el túnel tupamaro Mejía tejió su revancha.
Logró hacerse de algunas ropas y anilina verde para simular un uniforme militar. Intentó sobornar a uno de los guardias que podía posibilitar su fuga, pero cuando éste denunció el plan provocando nuevas detenciones, lo amenazó tajantemente para lograr su objetivo.

Así contó el mismo Mejías el instante exacto de su libertad:
“Atravesando el antepatio hacia el portón de salida partí para encarar a aquel “gordo botón” con mis casi ridículas pilchas de milico: el gorro, una camisa y pantalones “verde yerba” (prendas que había deslucido con material de construcción que había ido recogiendo entre los escombros) y mi bolso para el mandado … Y allí estaba aquel “gordo botón” que pese a la advertencia se mostraba notoriamente sorprendido y nervioso (¡mucho más que yo!) y como preguntándose “¿y ahora?… ¿que mierda hago ahora?” (…)
Más allá de su notorio desconcierto, él había entendido la seriedad de mis palabras, ya que ciertas cosas había previsto para aquella posible circunstancia: el “puerta” (el de la garita) no estaba en su lugar, el gordo se las había arreglado para quedarse con las llaves de los portones.
No tengo la menor idea de cómo se las pudo haber arreglado pero fue él mismo quien me dio la salida. Quizás simplemente lo había tenido así previsto por sus propios intereses: para no tener que compartir con nadie aquel “toco de guita” prometida con que él soñaba… ¡pero que en su vida llego a recibir!”.

Con un envase de Coca bajo el brazo y la excusa de ir a comprar un refresco para “su superior” salió Mejía caminando por la puerta central del penal. Mientras las sirenas y patrullas lo buscaban por los alrededores del penal Mejía esperaba en la playa, dentro del agua, que el contacto de su organización lo viniera a buscar para llevarlo a lugar seguro.

Destreza, planificación, coraje, rebelión, inventiva y la convicción sumadas a los deseos irrefrenables de libertad hicieron ayer, como siguen haciendo hoy, que los deseos más difíciles de libertad se conviertan en realidad.


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