Sabotear nuestras casas (la organización cibernética y el teletrabajo).

En la organización cibernética de la producción el teletrabajo es una consecuencia lógica que logró avanzar velozmente gracias a la pandemia. Un avance más en la reestructura del capitalismo que profundiza la atomización, el aislamiento y la hipervigilancia. No es, sin embargo, parte de una conspiración secreta sino más bien un paso más de un sistema que hace tiempo se encamina a neutralizar las comunidades, la diversidad social y que impone sus modos de existencia basados en la explotación y cada vez más en la “auto explotación”. Con la pandemia grandes sectores capitalistas han multiplicado sus ganancias a la par que se han empeorado las condiciones de vida de millones de personas. Mientras tanto, los Estados cumplen su rol y fortalecen sus aparatos de control y represión, no sea cosa que se les ocurra al pobrerío levantarse.
El teletrabajo empeora las condiciones de vida para todxs intentando imponer la idea opuesta. Se vende la idea de comodidad, seguridad y las empresas dejan incluso espacio para “ajustar” y negociar cosas como pagar la electricidad, agua y los equipos de trabajo. Mientras tanto, el tiempo libre se difumina, se da mayor entrada a las empresas que lucran con la información y el trabajo presencial se “ajusta” para abajo. Así, el trabajo y la máquina capitalista se han metido en nuestras casas, ahora tenemos a lxs patronxs dentro de nuestros hogares.
Dicha imposición es creada y potenciada además por un gran aparato propagandístico que vincula la meritocracia (romantizando el “sálvese quien pueda”), la competencia ininterrumpida y el egoísmo, al goce del consumo. No es de extrañar entonces la epidemia de depresión y la búsqueda desesperada de sentidos en cualquier nueva teoría de la conspiración. Todo ha sido mercantilizado y la fuerza principal de este proceso somos nosotrxs mismxs, más separadxs, atomizadxs y encerradxs que nunca. Por supuesto que la mayoría no trabaja desde su casa pero la reestructura nos envuelve a todxs directa o indirectamente. Como siempre, además, a los países del tercer mundo les toca en la reestructura un papel aún más triste.
Debemos comenzar el gran sabotaje a la maquinaria capitalista creando sentidos nuevos en nuestras comunidades de lucha y potenciando la anarquía como desobediencia cotidiana interrumpiendo su normalidad y sus imposiciones. El campo de batalla está en todas partes y no estamos empezando de cero.

R.


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