Progresismo derrotista y derrota del progresismo.

“Desde los inicios del neoliberalismo y sobre todo desde el fin de la guerra fría los partidarios del capitalismo habían presentado a este sistema como la única realidad existente. Sin alternativa, sin salida, sin escapatoria. Cualquier otra forma de organización económica y social estaba condenada al fracaso, era inviable o se había demostrado errónea. El capitalismo había dejado de ser una forma concreta de organización económica y se había convertido en la realidad, en toda la realidad, en la única realidad”

Layla Martínez.

Y progresivamente lo invivible del capitalismo y el abismo al que nos arrastra es tapado una y otra vez por el mundo empresarial y sus sostenedorxs. Hoy, el juego político redunda en sostenedorxs con la fórmula A y sostenedorxs con la fórmula B. Diferentes modos de gestión pero ningún rasgo de transformación de las relaciones de dominio.
Esa es una de las razones del declive de ánimo del Frente Amplio, sus sectores progresistas y los más “izquierdistas” si cabe, rendidos entre compromisos, adaptación y cansancio. Todos y cada uno, defensores de un realismo conveniente a los intereses empresariales y políticos. De nada servía, o peor, jugaba en contra, el corrimiento, adaptación y muerte de la pretensión “emancipatoria” de otros progresismos parlamentarios en el mundo. La izquierda del capital ha hecho muy bien sus deberes en el desarrollo y profundización del dominio actual.
Lxs progresistas han llevado su derrota, adaptación y cansancio hasta quedarse apenas con una propuesta de gestión más estatista que la derecha tradicional pero para nada contraria a los mayores designios del capital. A no concebir ni la posibilidad de vivir fuera del capitalismo los progresistas han llevado su resignación al estatus de una verdadera metafísica. Ya no conciben siquiera la posibilidad de un mundo sin capitalismo, sin explotación, sin dominio.
Pero aunque lejos de perfecciones, la vida humana tampoco está condenada al abismo del canibalismo social. La crítica que ha corroído viejos poderes debe buscar la potencia también para crear nuevas formas de relacionamiento y modos de vida más justos, seguros, horizontales y libres. El capital y el Estado son duros pero no invencibles y en el mundo no faltan ejemplos de “lo otro”, sólo hay que saber mirar pero más importante, hay que atreverse a hacer. El progresismo integra el partido del orden constituido, el partido del Estado y la derrota que se ha convertido en dispositivo para generalizar el desánimo.
Necesitamos y podemos generalizar las prácticas antiautoritarias, las estructuras de autoorganización y las bases que no faltan para combatir no sólo la explotación organizada sino el descrédito de pelear para ser mejores y más libres. El capitalismo no es necesario, la libertad sí.

R.


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