“Es lo que hay”.

“El punto en el que las defensas de la sociedad instituida serán más débiles es, sin ninguna duda, su propio imaginario instituyente”. Castoriadis.

Y nos hemos creído que “lo que hay” es la normalidad imposibilitada de cambio. Olvidando la historia, nuestros propios relatos de lucha, dejando de lado nuestras capacidades y lo que las paredes a nuestro alrededor nos dicen. Con el tempo, nos dejamos imponer la idea de que nada puede cambiar salvo repetirse una y otra vez de forma idéntica a si misma. Lxs defensorxs de lo instituido nos cuentan que la injusticia siempre estará, que la propiedad privada es indiscutible y que sus privilegios se basan en que son más trabajadorxs, listx y valientes que lxs demás.
Lxs clases altas buscan eternizar el mundo, detenerlo al hacernos olvidar nuestra capacidad de hacer y rehacer nuestra existencia. La democracia representativa es el único sistema posible, el capitalismo y su competencia salvaje y constante no es una posibilidad entre otras, que unxs vivan con miles de millones mientras otrxs coman de la basura es “ajustable” pero esencialmente justo y para siempre.
Entonces, cuando la gente se levanta, y es gracias a los levantamientos que hemos conseguido nuestras libertades, salen apresuradxs a decir que no es “la forma de cambiar”.
Lo que quieren decir es que el único cambio es el que hacen lxs representantes de la voluntad de la gente y que la gente no tiene la capacidad de generar cambios. El punto más débil de la sociedad capitalista instituida es el que intentan blindar sus defensorxs diciendo que nosotrxs no somos lxs que creamos nuestra existencia. La sociedad cambia y a veces sólo se repite, ¿por qué carajo deberíamos repetir las injusticias, las desigualdades, la dominación sobre la inmensa mayoría de las personas?

R.M.


Imagen: reciente manifestación anarquista en moto, Tesalónica, Grecia.


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