Disputar los territorios al Estado y al capitalismo.

Luego del desalojo de una huerta de vecinxs en la Blanqueada, varixs políticxs se apresuraron a dar sus razones, las razones de Estado son más o menos siempre las mismas. La huerta no tenía permisos.
Dejando a un lado los comentarios acerca de si era desprolija o no, comentarios que no parecen más que querer enturbiar la discusión, lxs defensorxs de haber llevado una máquina para destruir todo acompañadxs de policías, repiten una y otra vez que ellxs están de acuerdo con las huertas urbanas pero que ésta no tenía permiso.
Es importante detenerse justo en ese punto porque es ahí que es necesario afirmarse. ¿Pedir permiso a lxs gestorxs del desarrollo capitalista? Ese desarrollo es el que deja afuera a la mayoría de las personas, que protege la propiedad al punto de dejar a muchxs dormir a la intemperie, que posibilita y que facilita las empresas destructoras del medio.
La hermosa tensión en verdad se ha dado cuando ese grupo de vecinxs ha decidido hacer por sí mismo, cuando han dado rienda a su capacidad instituyente, cuando colectivamente han buscado proyectar una mejora para sí mismxs y para sus vecinxs. El método que usaron fue la asamblea, un lugar abierto donde se pudiera decidir entre todxs, lo opuesto a mandarse solxs sin que importe nadie más. Esto pasa cuando desconocemos y delegamos nuestro territorio a gestorxs ajenxs.
Lo más importante entonces, me parece, es más que el hecho de transformar un baldío en un lugar de sociabilidad, respeto al medio, aprendizaje y entonces, resistencia, sino la recreación de la capacidad de hacer y decidir por ellxs mismxs. Cosa, que obviamente lxs que llevan adelante el aparato estatal les parece peor.
No dejarse recuperar es no dejarse vencer.


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