Efemérides | 17 de Junio del 2013, estallido social en Brasil.

“Se acabó el amor, esto se va convertir en Palmares”.
Grito coreado por las turbas en las calles.

A finales de mayo y comienzo de junio de 2013 se producen en algunas ciudades de Brasil varias movilizaciones rechazando el aumento del precio del boleto del transporte colectivo, las cuales van aumentando en magnitud e intensidad hasta que para el 17 de junio cientos de miles de manifestantes muestran su potencial subversivo.
Con los vientos de invierno, el aumento del precio del boleto de ómnibus y una rabia incontenible contra la realidad cotidiana del lujo y la miseria, el barniz de la pasividad cae y se estalla en una avalancha tremenda de protestas de norte a sur de Brasil. Miles y miles de personas se agitan de manera difusa y caótica en feroces manifestaciones callejeras que trascendían los 20 o 30 céntimos de aumento en los boletos de transporte.
La expansión de la revuelta rompió la hegemonía de las protestas ciudadanas pacíficas y ordenadas. Hermanadxs en el enfrentamiento contra las fuerzas del orden y en la destrucción de la materialidad de este mundo de miseria, los grupos encapuchados, los Black Blocks, hicieron erupción con una intensa fertilidad. El anonimato del barrio se convirtió en una identidad colectiva para todxs lxs que se unieron en la destrucción y la autodefensa. Agencias bancarias, concesionarias de automóviles, agencias estatales, sedes de partidos, junto a varios establecimientos comerciales fueron devastados, innumerables vidrieras saqueados, muchos policías gravemente heridos, y varios vehículos y autobuses incendiados.
Los gobernantes tartamudearon, su torre de marfil se estremeció por un momento, buscaron “diálogo” prometiendo y negociando para enfriar el calor de la revuelta. Los medios de comunicación cumplieron su papel de cómplices del “orden y progreso” pretendiendo diferenciar a lxs manifestantes, separando a lxs violentxs y criminales de las buenas personas ordenadas. Los inquisidores muerden buscando culpables, supuestxs líderes de una avalancha desenfrenada.
Esta correntada de agitación callejera demostró la posibilidad de sacudir todo a su paso. Demostró que la acción colectiva tiene fuerza, que las calles tienen fuerza. La ruptura de la normalidad se estremeció, el daño a los señores capitalistas fue inmenso… el boleto no subió.


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