La comunidad de lucha del Cordón.

Un sábado en el barrio.
En la mañana un grupo va a la plaza Acción directa, se trata hoy de arreglar la luz y recolocar una pancarta que dice “En Cordón ni olvido ni perdón”. Este mes en el barrio se ha repetido esa frase una y otra vez, en un mes donde se moviliza mucha cosa entre la memoria de las luchas contra la dictadura del 73 y las luchas actuales. El grupo es parte del que todas las semanas se encarga de limpiar la plaza que pasó de basural a plaza de niñxs con sus hamacas, bancos y un enorme árbol en el centro. Unos días antes, otra jornada había reparado el columpio y dado retoques de pintura a la plaza autogestionada.
Más tarde, otrxs compas abren el centro social. Esta vez son gurisxs de un gremio liceal que necesitan el espacio para hacer unas pancartas. Aun frescas las mismas, empiezan a llegar las personas del núcleo del Mercado popular de subsistencia, los núcleos de la zona donde se compra más barato, se lucha contra el lucro y se da preferencia a diferentes proyectos cooperativos. En poco rato el local está lleno. En la vereda, también empieza una reunión con un grupo de docentes que pretenden sumarse a las clases gratuitas de apoyo que se dan de lunes a jueves a niñxs y jóvenes. Adentro comienzan a acomodar el espacio para la llegada de infinidad de paquetes de alimentos que se distribuyen entre los núcleos.
Varixs vecinxs se acercan a preguntar si hoy hay clases de boxeo y se les aclara que sí, que sólo comienzan un poco más tarde por el mercado. Tres veces por semana hay boxeo como parte de varias disciplinas del llamado “deporte anticapitalista”, clases abiertas, gratuitas y con énfasis en la solidaridad, el mutuo apoyo y la lucha contra toda discriminación. Entonces se arma una fila en la vereda, podría parecerse a las filas de los comedores estatales pero acá no es una “fila india” sino que cada unx se pone de costado. Se abren las puertas de un camión y empiezan a bajar las cajas con alimentos, cada unx se la pasa al/x siguiente y lxs de adentro las acomodan. Todxs participan, incluso lxs que estaban ahí para otras cosas.
Mientras adentro se terminan de ordenar los paquetes y los diferentes núcleos familiares empiezan a llevarse sus alimentos, afuera, otrxs compas improvisan una ronda donde se charla de todo. Se acercan vecinxs, unx pregunta por las clases de apoyo, otrx por el boxeo y dos desde el frente preguntan por la merienda. Se trata de una merienda semanal de la cual se encargan varixs compas y que en este mes además se encuentran en una campaña de abrigo. Llegan donaciones de ropa para eso, una vecina se muda y quiere aportar lo que puede al centro social. Se deja al lado del “acopio”, la juntada de alimentos que se distribuyen en diferentes conflictos como parte de apoyo material a la lucha social.
En frente, un mural con la cara de Hebert Nieto y uno donde se dice que Cordón no necesita representantes son testigos de todo lo que pasa. Estos dos son parte de una tradición que se mantiene más viva que nunca en la zona, son muchos los muros que llaman a luchar, dan la bienvenida a lxs migrantxs o a autoorganizar el barrio. Para eso, el martes es el día de la asamblea, el orgulloso órgano de decisión horizontal donde todxs coordinan las actividades, después cada grupo, taller o actividad tiene la suya.
Ya se va dejando todo ordenado porque en un rato llegan lxs de boxeo, el Ateneo anarquista le prestó el lugar al taller de escritura creativa porque tienen a la misma hora.
La comunidad de lucha está compuesta por estos y otros núcleos, colectivos e individuos que coinciden en una serie de actividades con ciertas características y un objetivo en común. Todas las actividades son autoorganizadas, atravesadas por la solidaridad y contrarias al lucro, todas son anticapitalistas. En ninguna actividad hay plata de por medio, en ninguna se permiten las actitudes autoritarias. La comunidad tiene sus formas, las que ella misma se da. El proyecto vive en Cordón y convive con toda una serie de poderes a los cuales enfrenta y que la determinan. Si lo primero que unx ve al entrar al centro social es una pared donde dice “Ni machismo ni racismo” eso no significa que el barrio o siquiera el espacio estén libres, en la otra pared una gigantografía muestra también que es necesario luchar para serlo.
La comunidad es la forma para oponerse al capital y su Estado, a sus formas jerárquicas, desiguales y competitivas de determinar lo social, por eso es de lucha. Su proyección es mantener y acrecentar las prácticas y soportes tendientes al mutuo apoyo y a la solidaridad. Como tal, es un proyecto radical, va hacia la raíz del problema aunque siempre incompleto y en constante tensión contra el poder.

R.


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