Efemérides | 27 de Junio de 1869, nacimiento de la anarquista Emma Goldman.

“El elemento más violento en la sociedad es la ignorancia”, sostuvo Emma Goldman, y dedicó su vida a tratar de erradicarla con la palabra como arma. Agitadora por excelencia, habló del derecho a la libertad de expresión, la independencia de las mujeres, la libertad sexual, la educación respetuosa y libre, el control de la natalidad, los derechos de lxs trabajadorxs, el antimilitarismo, el anticapitalismo, la necesidad de generar pensamiento crítico. Convencida de que todo estaba interrelacionado, hizo un profundo hincapié en la necesidad de conectar lo personal a lo social, desarticulando incluso contrincancias entre el anarquismo individualista y el anarquismo colectivista. Pensaba que era imposible el uno sin el otro, y que entre cada individux y la sociedad existía la misma diferencia que entre el corazón y los pulmones. Ambos son parte fundamental de un todo que necesita ser reconstruido respetando las libertades personales y desarticulando el abuso del poder y la coacción.
Emma Goldman nació un 27 de junio de 1869 en Kaunas (actual Lituania). Devino anarquista profundamente conmovida por los sucesos de Chicago y se prometió dedicar su vida a la memoria de sus camaradas mártires. A los 16 años viajó a Estados Unidos, donde conoció a Alexander Berkman, y donde vivió buena parte de su vida hasta ser deportada en 1919.
Levantó mítines por todo el mundo, estando siempre con aquellxs que la necesitaban. En Nueva York dio sus primeras conferencias y fue un discurso impartido en Union Square el que le valió su primer ingreso a la cárcel por “animar a la muchedumbre a hacer la revolución”. Emma salió de la celda con más fuerza para defender la causa que la llevó presa: “El estado de Nueva York no podría haberme hecho mayor favor que mandarme a la penitenciaría”.
Amparada en sus ideales no le tenía miedo a nada. Solía llevar consigo un libro, por si caía en cana. Invitaba de tal forma a la reflexión en su oratoria que, en 1908, un soldado uniformado, atravesado por su discurso, se le acercó, le dio la mano y le agradeció (William Buwalda fue encarcelado por su gesto, Emma levantó una agitación a su favor, él terminó renunciando a su uniforme y sumándose al movimiento anarquista).
“Para mí el anarquismo no era una mera teoría para un futuro lejano; era una influencia viva para liberarnos de las inhibiciones, tanto internas como externas y de las barreras destructivas que separan a las personas entre sí”.
Siempre despotricó contra los comportamientos machistas del propio movimiento anarquista, haciéndose escuchar de forma admirable y provocando rechazo e incomodidad en muchas ocasiones. Enamorada del arte, la literatura, el teatro (como herramienta de compromiso y de transformación social) y defensora del derecho de todxs a “las cosas bellas y radiantes“.
Fue enfermera. Fue partera. Fue testigo de mujeres-máquinas-de-producir, profundamente angustiadas, que le rogaban y le imploraban que las ayudara a abortar porque ya no podían más. Ella se negó al comprender lo peligroso que podría ser, pero sintió hondamente el dolor, y el horror, y se encargó de conferenciar sobre la importancia del aborto y los métodos de anticoncepción.
“La anarquista de los dos mundos”, “la hija del sueño”, “una fuerza de la naturaleza”, “la mujer más peligrosa del mundo”, “8.000 años adelantada a su época”, “Emma la roja”, “maldita perra anarquista”, entre otras muchas cosas se dirá todo esto de ella.
Dedicó sus últimos años a la defensa del pueblo español. “Estoy ahora más decidida
 que nunca a hacer que mi vida termine tal como comenzó, en la lucha”, dijo en 1936.
Murió a los 70 años, en 1940, exiliada en Canadá. Fue enterrada junto a los Mártires de Chicago.

Onírika.


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