Los amigos del mundo.

El anarquismo es amigo del mundo y no su enemigo. El cuerpo es la cárcel del alma, decía una antigua metáfora, pero el cuerpo es el alma. No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo. Razonamos desde los huesos que tenemos, desde los tendones que tenemos y desde ese afuera-adentro que nos permiten nuestros poros. Es desde ahí que surgen nuestras urgencias.
No somos de la clase de imbéciles que hacen del miedo su credo ni de lxs que se “abandonan”. Ni templo ni basurero, el cuerpo es lo que nos permite ser. Queremos una libertad que se palpita, una libertad para gozar, una libertad que se comparte.
Queremos respirar aire fresco, limpio y sentir la vitalidad de desobedecer lo dañino. Y es exactamente esto lo que nos hace no abandonar, proyectarnos y no anclarnos en un hoy ciego. El esclavo actual no puede escapar del momento. Una sucesión constante de pequeños espasmos es lo que se nos propone, sucesión que nos niega en su devenir los placeres más altos.
No somos de la clase de ciegxs que por miedo a la posibilidad de la muerte buscan un relato encubridor que lxs aleja de lo vivo. No nos evadimos, enfrentamos y disfrutamos la vida. En eso radica nuestra amistad con el mundo.

R.M.


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