Las paredes limpias no dicen nada.

La costumbre no estabiliza una libertad, la libertad se gana y debe matenerse, y es al perderse que nos sobreviene el escándalo y a veces la angustia. Los muros son la voz de lo otro, de la rebedía, no son un escaparate seguro ni con lxs progres en el poder ni con la derecha. Las paredes pintadas filtran lo que los movimientos tienen para decir y expresan una relación de fuerzas siempre en tensión.
Cuando esa relación de fuerzas se hace explícita y los botones vienen a impedir que se pinte un muro, alguien denuncia, o el Estado actúa, vuelve a plantearse el escenario de la lucha que nunca desapareció.
Lo cierto es que no hay términos que nos justifiquen en el glosario del poder, pintar un muro con consignas desafiantes al poder es y será algo atacable por parte de sus defensorxs. Si los movimientos sociales mantienen la fuerza se podrán seguir pintando sino desaparecerán.

M.


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