De asambleas, antropología y anarquía.

“En las montañas del sur de Etiopía, un etnólogo ha redescubierto una sociedad en la cual, incluso en la actualidad, el poder se encuentra en la asamblea. Son los salvajes, dicen en Addis Abeba; eso no es África, se repite en París. Quedémonos con la idea de que esos salvajes no africanos inventaron una sociedad en la cual la jerarquía es continuamente cuestionada: quien se tome la molestia de ir a verlos, y sobre todo de volver a verlos una segunda vez, constatará que los asientos de piedra en forma de arco de circunferencia se encuentran en el lugar más alto de la asamblea. Nada de poder centralizado, sino de asambleas donde el estatus social y las relaciones de parentesco están entre paréntesis. Todavía mejor: en el país ochollo, son los sacrificadores, función hereditaria, quienes regulan todas las actividades rituales, todos los recorridos ceremoniales, en esta ocasión como en otras muchas sociedades africanas. Ahora bien, a pesar de que se integra a los sacrificadores en el círculo de la asamblea, a la que asisten sin tener una parte activa en el debate, pues al ser demasiado poderosos están invitados al silencio, apenas intervienen más que para establecer el consenso final. Al contrario, se hace sitio a nuevos protagonistas: los «dignatarios», los buenos oradores, los agentes del/ora, aquellos que hablan en defensa de los intereses comunes. Si se habla de los sacrificios, pues forman parte de los asuntos públicos del mismo modo que las obras de irrigación o la guerra, es la asamblea quien decide soberanamente tanto el número de las víctimas como la elección de los agentes del ritual.”

Marcel Detienne.

Ya se trate de tribus de las sociedades llamadas libres o salvajes en África, Oceanía, o Sudamérica; de la creación de la democracia directa en el ágora griega; de sociedades cosacas, de grupos piratas; de monjes budistas; de comunidades y sociedades medievales; o de colectividades rurales o territorios en revolución como la Manchuria, el sur de Ucrania, o Catalunya y Aragón, la horizontalidad es una realización y búsqueda permanente en las sociedades humanas. La asamblea, el poner en común, el resolver entre todxs es una presencia constante en las sociedades.
Hoy se discute mucho acerca de lxs miles y miles en el Kurdistán que buscan asediadxs por los poderes vecinos construir alguna forma más horizontal y antiestatal. Varias comunidades mexicanas también aportan su contribución al debate y a la experiencia actual. Las sociedades complejas atomizadas por el capitalismo deberán encontrar soluciones contra los centralismos ya que estos son connaturales a los nuevos modos de dominación. El anticapitalismo es una necesidad de supervivencia, las sociedades antiautoritarias una posibilidad real.

M.


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