El peor virus es el capitalismo.

Decisiones cada día.
Las decisiones hoy son tomadas por políticxs que llegan al poder a través de mecanismos de marketing y gracias a negociados empresariales. El espectáculo ocupó el lugar de la política transformándola y haciendo de aquella forma de cálculo del siglo XVI un dispositivo dependiente como nunca del mercado. Sí antes lxs políticxs eran representantes de una elite que lxs ponía ahí para que cuidaran de sus intereses, hoy son sólo payasos en un juego de actuación. Las finanzas cuidan por sí mismas de sus intereses.
Si es reducida la centralización (energética, militar, policial y política) la sociedad puede cambiar sus bases sin necesidad de perder los “avances ganados”. Los diferentes grupos humanos además pueden decidir por sí mismos, contemplando y coordinando lo necesario con lxs demás. Si el mutuo apoyo es la razón del ser social, a nivel superior de cada asamblea solo quedan coordinaciones y no jefaturas. Las opciones para los territorios hoy no pueden definirse entre un nuevo aislamiento nacionalista, como se ve en Hungría, o la “libertad” del mercado regulando nuestras vidas, como proponen los neoliberales.
La democracia capitalista se basa en la ilusión de participación y en un cuerpo armado que asegura el cumplimiento de esa ilusión. Rompiendo las estructuras simbólicas que sustentan el orden actual, basta encontrar para cada lugar los modos específicos de encontrarse y consensuar, siempre contemplando a quien no está de acuerdo, para desarrollar modos más satisfactorios de decidir sobre nuestras vidas.
En contra de la ley, un tipo de regla basada en la coerción en una sociedad jerárquica, nuestra opción es el acuerdo basado en el entendimiento recíproco y la solidaridad. Nada tiene de fácil pero todo lo tiene de posible. Quitando los “agentes extraños”, lxs que deciden por otrxs desde arriba, y que nunca compartirán intereses, la apuesta es por la autorregulación de las comunidades. Diferentes núcleos decidiendo por ellos mismos y coordinando, a su vez, con otros. Claro que romper con la escala del lucro y el aprovechamiento para sustituirla por la comprensión y el mutuo apoyo no será aceptada por lxs defensorxs del orden. Una vez más, sin embargo, nos jugamos el futuro si no detenemos su reestructura.

El rojo y el negro.
Miles de grupos, asambleas y comunidades practican la toma de decisión sin necesidad de jefes en la actualidad, claramente una minoría inmersa en un mundo capitalista que los supera pero que muestra sus límites a cada minuto. Acá, además de los cientos de espacios que lo hacen hace años (gremios, sindicatos, clubes, grupos de toda índole, etc.), también hemos visto cómo organizaciones sociales, creadas de un momento al otro para alguna lucha concreta podían funcionar usando el consenso como método de decisión. Recrear los modos de vivir no es sencillo pero no partimos de cero y es una necesidad urgente.
Volver a aprender a decidir colectivamente siguiendo nuestros intereses y no los del capital. Usar una historia rica en ejemplos y atreverse a romper con la dictadura del mercado negando al capital y su Estado.
Pequeños grupos, colectivos más grandes, asambleas de barrios, núcleos geográficamente determinados, las posibilidades son muchas y las formas antiautoritarias infinitas. En tiempos en donde el capital financiero prepara una terrible reestructura empeorando las condiciones de vida, son los métodos directos y horizontales los que nos darán una oportunidad. La dictadura del mercado se prepara para ajustar sus tentáculos, teletrabajo, robotización, extensión horaria, competencia, autoexplotación y autoexigencia son apenas el comienzo. El peor virus es el capitalismo.

Regino M. (3/3)


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