Solís de Mataojo cuenta con las primeras cámaras de videovigilancia 5G en Uruguay.

Continúa el acostumbramiento de la población a estar vigilada. Crear las necesidades de sujetos capaces de todo por poseer los objetos que dicen le darán sentido a su vida mientras se destruyen los sentidos colectivos es el modo.
En estos objetivos de domino se inscribe la puesta de cámaras 5g en un pueblo pequeño de Lavalleja. En el mismo proceso a nivel social que se crea vigilancia se destruye además la capacidad colectiva de instituir sentidos, de crear colectivamente pues la realidad del capitalismo pasa a ser más fuerte que lo que los ojos vean.
Toda la vida pasa así a girar al rededor de la compra, la posesión y la exhibición. Luego, lxs que no puedan acceder tedrán que endeudarse. Y finalmente, lxs que no puedan endeudarse o hayan aceptado literalmente la consigna del «todo fácil» saldrán a buscarlo a como de lugar.
Pero el propio juego del sistema lo tiene previsto. La seguridad estatal es una parte necesaria del mercado y la publicidad. El acostumbramiento a la vigilancia masiva y continua no sólo busca amanzar a la población y neutralizar cualquier inteno futuro de rebelión o búsqueda de justicia social revirtiendo el orden de las cosas. También se acopla perfectamente con el mandato social del consumo irrestricto de una sociedad tecnologizada donde cada aparato personal de rastreo y difusión de publicidad se mueve por las mismas líneas de cableado y repetidoras.
Castigo, vigilancia y autoexplotación no son sólo etapas en el capitalismo sino dispositivos contiguos de un mismo proceso, la dominación social de la clase opresora.

R.M.


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