La autoorganización contra la democracia representativa (una introducción a los métodos de la anarquía)

Cuando sale lo de “más democracia” en una conversación acerca de la realidad actual, nos damos cuenta que es una carta mágica para no decir demasiado. Lxs anarquistas aprovechamos normalmente para hacer una pausa, y retomar la charla desde otro lado. Ya podemos imaginar que seguramente la conversación no irá hacia ningún lado. La carta de la democracia se relaciona al imaginario progresista, retazo que ha quedado del abandono de la idea de transformación y su incorporación deseada al mercado. Es lanzada con tan poca convicción, además, que casi parece un pedido de ayuda.
Aunque hablemos de democracia representativa, de partidocracia o el modo democrático específico con el cual se sostiene la desigualdad estructural en cada sitio, no hay mucha salida. La democracia liberal es el único horizonte, dicen, no para mejorar nada, sino para intentar poner coto al autoritarismo creciente, como si eso estuvieran haciendo las democracias occidentales. Sabido tienen, en general, las trampas del sistema, pero más le temen a los cambios. Muchxs compas responden que sí al comodín de la democracia si hablamos de una “democracia directa”. Estamos de acuerdo, les dicen, pero que sea sin poder político, poder separado, que sea con una verdadera participación, que sea “directa”. Por supuesto que en tanto que se trata de arriesgar los privilegios y la desigualdad estructural, no es una opción realmente para lxs sostenedorxs demócratas del statu quo, atadxs como están al imaginario del posibilismo.
Según un estudio de la universidad de Adelaida, Australia, durante las primeras semanas de la invasión rusa a Ucrania, entre el 60 y el 80 por ciento de los tuits pudieron ser originados en fábricas, 38000 tuits diarios hechos por bots buscaban influir en las personas. La propaganda en nuestros días alcanza proporciones monstruosas. Quien tiene el dinero tendrá la capacidad de influir con más profundidad, en los sujetos hiper mediatizados. Las asambleas, democracia directa, si quieren, la autodeterminación y la creación de acuerdos de abajo hacia arriba, no asegura nada, pero es la posibilidad de una contra instancia ante la vida mediada. La libertad, entendida en un sentido social, donde lxs demás son su condición de posibilidad y no su límite, puede ser el verdadero antídoto contra esa poderosa arma del capitalismo. No es propaganda contra propaganda sino interrelación y construcción de sentidos colectivos, contra la propaganda.
Si salvar la democracia significa salvar al sistema de desigualdad actual, no gracias. Si salvar la democracia significa mantener alienada nuestra capacidad instituyente, no gracias. Elegir entre sus empresarixs o lxs del otro bando no es suficiente. La seriedad de la situación amerita romper el posibilismo e ir a los fundamentos.
En el hacer común, en la generalización de la cultura de lo común está una de las claves para contrarrestar el bombardeo mediático. La izquierda autoritaria siempre nos quiere eligiendo entre dos bandos para que escojamos al menos malo. Re crear lo social significa re crear las capacidades de instituir nuestras vidas junto a otrxs. Nuestra respuesta al comodín progresista para no pensar debe incluir más crítica y más prácticas en común.
En territorios tan pequeños como el nuestro es fácil imaginar mecanismos de autodeterminación reales y concretos. Mostrar que funcionan y son la verdadera solución a la perpetuación del capitalismo y su desigualdad es crucial. Metamos a lxs descreídxs en la discusión, y sobre todo, en la práctica de la autoorganización. Quien se habitúa a vivir libre, resolviendo problema tras problema con lxs demás, luego ya no acepta representantes. Generalizar la autoorganización es el camino.

R.


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