Las buenas intenciones contra la proyección

graffiti

Para los socialistas autoritarios una revelta puede ser convertida en revolución si posee una buena dirección. Nosotros, anarquistas no podemos estar más en desacuerdo si es que hablamos de revolución social. Y no es que no creamos que las organzaciones populares deben empujar hacia adelante, deben proponer y responsabilizarse en los tiempos calientes. Al contrario, sin asambleas y estructuras revolucionarias no habrá revolución. Pero una revolución no puede ser impuesta de arriba a abajo por más buenas intenciones que se tuvieran, la historia lo muestra hasta el hartazgo. Es en las revueltas cuando las organizaciones, las asambleas, los grupos y los individuos revolucionarios deben mostrar que han hecho músculo ya. Deben mostrar que han pensado fomas nuevas de relacionamiento que trastoquen lo económico y social, deben mostrar que se tienen ideas (aunque nunca sean definitivas) acerca de la ecología, las desigualdades estructurales y el poder.

Sin esa hambre ya introyectada en nuestros hermanos de camino, es más, sin prácticas revolucionarias ya hechas hábito en nosotros junto a nuestros hermanos de camino, sólo se repetirá el ciclo de los gobiernos, los nuevos poderes, los nuevos privilegios.

Hay algunos compañeros que se empecinan en no reflexionar acerca de los nuevos modos que proponemos para las cosas comunes de la vida, la comunicación, la seguridad y la autogestión generalizada en localidades más o menos grandes. Confunden, creo por un mal entendimiento o consecuencia de la avalancha posmoderna, que pensar esas cosas es de alguna forma querer imponerlas. Y no hay peor irresponsabilidad para un anarquista que cuando llega la revuelta no tener propuetas más que agudizar el valor. No conocer el terreno, la energía, la política y los enemigos por haber jugado en vez de empujado termina siendo fatal.

Entablar diálogos generalizados sobre la igualdad real y no sólo frente a la ley estatal, mostrar que el «decrecimiento» no debería ser oscurantista, fortalecer la cultura de lo común contra la devastación individualista capitalista es crucial si queremos tener oportunidades. Se defiende una revolución si ya está en potencia, si las prácticas libres colectivas abundan, si aprendemos a poner en común la vida, las decisiones, la libertad.

Y esas reflexiones no son acerca del futuro, son acerca de las posibilidades relaes del hacer presente. Formas de vida anárquicas generalizadas son posibles en el mundo actual y contra el mundo actual. Formas perfectibles, no perfectas y en oposición al mundo de la explotación y la devastación ecológica y social. Un mundo más complejo sólo lo hace más interesante, no más dificil.

Finalmente, nunca es posible saber cúando estamos listos y siempre será un salto al abismo vivir para buscar la igualdad real entre las personas. Poseemos una ética antiautoritaria, somos revolucionarios por eso y no vinimos al mundo a crear cantos de sirenas o a no ensuciarnos la manos. La tarea primordial es prepararnos anarquizándonos en el abajo, creando estructuras capaces de dar un enfrentamiento a la altura, coordinándonos y construyedo las posibilidades reales de cambio. Generalizando todo lo posible otras formas de relación no basadas en la explotación y el lucro. Si la idea sólo existe idealmente y en pequeños guetos sólo funcionará como vacuna contra sus propias bellas intenciones.

No se puede esperar que todo esté listo, no se puede dejar a nuestros hermanos tirados si deciden protestar, levantarse, revolverse. En todo momento la ocasión se da, crear de la nada estructuras horizontales y revolucionarias si no las hay, hacerlas más y más autoorganizadas si ya existen, potenciar lo que ya tenemos para lo que aun nos falta. O en la tormenta solo tendremos nuesttras buenas intenciones.

C.M.


A %d blogueros les gusta esto: