La lucha por el agua es una lucha por la vida y la libertad

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Hace varios años, cuando por primera vez se escuchó al hoy ex-CGO de Nestlé, la empresa más grande del mundo en alimentación, plantear que había que privatizar el agua en el mundo y ponerle un precio se desató un escándalo. Lamentablemente como sucede muchas veces, la controversia no se tradujo en grandes y populares charlas y reflexiones. Más allá de que esté «aceptada» por la ONU como un derecho y la mar en coche, el problema del agua como bien común, la alimentación y el capitalismo nos está ahogando, para usar una metáfora contrapuesta.
Además, el agua es una de esas cosas que fricciona la propia lógica estatal y capitalista, ya que esos «recursos» no respetan fronteras nacionales y además responden a sistemas (como el social) complejos y de equilibrios delicados. Las nociones capitalistas y autoritarias entonces chocan con las de una ecología social, con las ideas anarquistas de una integralidad entre la economía y la sociedad, entre lo ecológico y lo político.
El agua no es una mercancía, pero, ¿cómo puede ser tratada como otra cosa en un mundo que mercantiliza todo lo existente? Serán dos ideas importantísimas para los anarquistas y revolucionarios las que deberán estar a la orden del día para enfrentar el problema. Por un lado, la idea de que los bienes comunes deben ser gestionados por las propias comunidades, sólo ellas pueden basarse en otros fines que no sean el lucro y el desperdicio. Por otro lado, las comunidades deberán acordar con otras, pues estamos parados sobre sistemas vivos, interdependientes.
Autonomía contra las empresas y Estados saqueadores, la desigualdad y quien la defiende, federación o redes entre comunidades para sustentar la vida. La lucha por el agua es una lucha por la vida y la libertad. Y debemos estar ben firmes.

Marisol.


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