Mitad de semana | La comunidad debe ser de lucha.

mayo 13, 2020

Al parecer su “nueva normalidad” no se impondrá tan fácil. Ciertas libertades liberales van volviendo de a poco en el mundo aunque con miedo de algunos gobiernos. Lugares como Hong Kong, Italia o Francia ya mostraron que la bestia anárquica de la revuelta no se rinde tan fácil y la memoria permanece en la piel dos meses después. Son tiempos de hacer para pensar y pensar para seguir haciendo. Traemos a “Mitad de semana” un texto ya editado por el periódico. En él, se ponen en cuestión nociones como la lucha social y la hipótesis del conflicto como potenciador y origen de lo comunitario en el capitalismo financiero. A la vez, se vuelve sobre la recuperación de las luchas y la necesidad de dotarnos de proyectos de quiebre. Hoy que la izquierda autoritaria y la derecha en el gobierno unen fuerzas para fortalecer al capitalismo, nuestra opción es clara: acción directa, autoorganización y libertad.

  En tiempos donde triunfa el proyecto capitalista: sujetos dependientes, atados a necesidades plenamente controladas y bajo un imaginario social digitado por el espectáculo del consumo. En tiempos de gran fragmentación social, hablar de comunidad para nosotrxs va unido más a la idea de una proyección de lucha que a una observación sociológica. El individuo es un proyecto y no una realidad ontológica dada, la comunidad que lo hace posible también. Empecemos con algunas diferenciaciones fundamentales entonces. Cuando hablamos de comunidad lo hacemos como una realidad en conflicto y como un proyecto de lucha.
  Para empezar, no existe separación nítida entre Estado y sociedad ya que la sociedad replica los modos que impone el Estado. El sistema jerárquico mediatiza y conforma a la sociedad, no hay crítica profunda del poder sin meterse con la sociedad que éste determina. El Estado es la organización de la sociedad basada en la jerarquía, la explotación y la dominación. Entender que la jerarquía como principio estatal atraviesa nuestra existencia significa entender que el problema no se ubica sólo en lxs policías y jueces, sino que hay ciertos principios generales atravesándonos como fantasmas. Luchar contra el Estado entonces no es sólo luchar contra una estructura fija y artificial impuesta a las personas sino contra un modo de ser basado en la competencia, la jerarquía y la dominación. Para transformar la realidad, inevitablemente debemos transformar nuestros modos de estar en el mundo, modificar nuestra cotidianidad y reinventar las formas en las que nos relacionamos con lo otro y lxs otrxs.
  Rehacer nuestros modos de existir es entonces enfrentar a los generadores y a los modos de vida impuestos por el orden establecido y es ahí donde radica la dificultad. Ese cambiarnos no es una cosa qua cada unx pueda hacer completamente en solitario. La transformación de lo que somos va indefectiblemente unida a la transformación de nuestro entorno. Deberemos hacer las herramientas, transformar y crear basándonos en criterios opuestos al del orden actual si queremos eliminar la recuperación capitalista de nuestras vidas. No podemos cambiar sin cambiar las estructuras materiales donde el poder se concretiza, esas cosas que nos van moldeando a todxs.
  Que hasta las empresas más rancias, las instituciones estatales o los libros de “autoayuda”, vendan que se puede cambiar realmente sin vincularse con otrxs (en un me arreglo y luego me vinculo), pone en evidencia la trampa tendida por el liberalismo. Diferentes defensorxs del orden venden falsas soluciones para perpetuar el mismo problema. Para lxs dueñxs del mundo el cambio comienza en unx pero sobre todo, acaba en unx. Por esto nuestras iniciativas chocan irremediablemente con la protesta pautada, la rabia teatralizada o los caminos preestablecidos. Chocamos con la idea del cambio en aislamiento, la mutación de la reflexión sobre lo cotidiano en cotidianismo no reflexivo o las dietas para cambiar el mundo a través de encantamientos.
  Reaprender a vivir con modos solidarios, recíprocos y libres puede atentar contra la propiedad y la explotación siempre y cuando no se confunda solidaridad con exonerarse de impuestos, reciprocidad con transacción o libertad con poder hacer lo que se quiera salvo tocar las bases. Debemos entender que crear modos de relacionarse refractarios al capital encuentra irremediablemente resistencia, pero las rebeldías aisladas pueden terminar reforzando la vitalidad del sistema. El capitalismo acepta, prevé y usa diferentes modos de intercambio si en ellos la mercantilización no es enfrentada de forma contundente y directa. Es por esto que las empresas “recuperadas” no significaron un problema para las estructuras de poder empresarial. Al contrario, muchas se convirtieron en un símbolo de integración capitalista, basta preguntar en Villa española por la FUNSA.
  El sentido de esto no es dejar de hacer cosas “pequeñas” sino ajustar nuestras formas de crítica e intervención social. Entender los procesos de colonización del Estado y el capital puede darnos pautas para crear modos audaces y potentes de resistir. No se trata de pasarse a algún nuevo populismo o caer en la idea de que lo único válido es lo que involucra a mucha gente. En la propia dinámica de los dispositivos de recuperación estatal se encuentran las claves para vencerlos. El problema, por ejemplo, no es si la autogestión es reformista en sí, ya que puede ser recuperada, sino cómo los proyectos pueden convertirse en verdaderamente “irrecuperables”.
  Es comprensible que la situación no parezca fácil. Sólo un análisis en y desde la lucha puede encontrar soluciones para cada situación específica. Una vez más, no existen recetas. Sin embrago, puede hacerse una conjetura importante: lo comunitario irrecuperable está relacionado directamente con la lucha y su oposición concreta a la lógica capitalista en acto y en potencia.
  El carácter de posible de los proyectos no es creado por el color de las banderas o el tipo de eslóganes sino por las estructuras y dinámicas que funcionen como contra-instancias concretas contra el mundo instituido. Solo una idea clara y una reflexión constante pueden mantener una acción necesaria contra la recuperación. Ninguna comunidad entonces es neutra o puede ser reducida a esquemas. Una comunidad “opuesta al capital y su mundo” no dejará de estar también atravesada por las tensiones y por las formas de ser dominantes mientras exista el capitalismo. No hay ningún gueto a donde huir, ni una zona realmente liberada. Ningún “nosotrxs” aislado puede poseer la capacidad de generalizar una transformación social antiautoritaria. De hecho, es la fragmentación generada por la colonización capitalista la que ha generalizado la lógica de bandas y la guetización.
  Entonces, la comunidad que potenciamos debe ser comunidad de lucha pues la revolución social es un hecho colectivo. El proceso de transformación generalizada es el ambiente ideal para la base de la comunidad ya que permite la afirmación y el mayor desarrollo de las potencialidades individuales y colectivas. La comunidad no es la masa y, en tiempos de masas, sólo se crea comunidad si los vínculos sociales van unidos a la lucha. Lejos estamos de querer crear nuevos fantasmas o cambiarles las sábanas a antiguos, no existe el sujeto revolucionario objetivamente dado ni somos de lxs que necesitan basar sus causas en universales abstractos. Sin guetos, sin vanguardias, y sobre todo, sin aforismos liberales debemos continuar nuestro camino.
  A problemas colectivos soluciones colectivas y para crearlas, individuos realmente autónomos.

R.M.

Mitad de semana | La cultura de lo común.

mayo 6, 2020

En el llamado capitalismo industrial, más menos desde el siglo XVIII, el proletariado se encontraba unido, imbricado y se reconocía en algunos intereses comunes. La cultura “de abajo” y obrera construía sus propias imágenes a veces reaccionando, a veces imitando, pero creando, en definitiva, mundos propios. El imaginario social y el imaginario revolucionario tenían muchos puntos en común en donde las clases bajas se reconocían. El hecho de compartir encierro, trabajar horas y horas en fábricas y talleres, compartir momentos de ocio en bares, esquinas, centros sociales y los mismos barrios, creaba lazos significativos y reconocimientos recíprocos.
  Montevideo tuvo una “cultura de abajo” avasallante, particular, creativa, y siempre en relación tensional con un arriba acostumbrado a ejercer la represión y la recuperación. Pocos territorios en el mundo tuvieron además una cultura popular tan marcada por lo libertario. La cultura propia, surgida del encierro del capitalismo industrial y la resistencia de aquellxs que tras mismos padecimientos se amuchaban, generaba una igualación en el hondo bajo fondo que hacía más comprensibles los intereses comunes.
  Aquellxs unidxs, más que sólo embrutecidxs, en la tortura del laburo, en los espacios de resistencia y en el ocio, debieron ser fuertemente golpeadxs una y otra vez para ser doblegadxs. La historia muestra a nuestro territorio poblado de huelgas, sabotajes, encarcelamientos y reales fiestas revolucionarias, pero también de represiones filosas. La cultura de lxs oprimidxs dejó una huella profunda que expresa todas esas cosas. El Estado necesitó instalar un poderoso dispositivo de captación y recuperación económico, social y cultural para derrotar la cólera del pobrerío. Nacionalismo, represión y mercado terminaron uniendo los esfuerzos de derechistas y progresistas para imponer el orden social actual.

El desarme de lo cultural en el capitalismo financiero.

Y llegaron lxs consumidorxs. Luego de la derrota de la huelga general en el ’73 y la dictadura cívico-militar que le siguió, de a poco fue construyéndose un nuevo escenario. El pacto para la democracia liberal y el mercado allanaron el camino para el capitalismo y fue desvaneciéndose el imaginario revolucionario que quedaba. El progresismo dio una estocada (casi) final al mezclar luego trasformación social con mercado y socialismo con nacionalismo.
  La cultura de lo común, de lo que tenemos en común, fue sustituyéndose por la nueva cosa compartida: las relaciones mercantiles. Lo que igualaba a las personas ahora en los barrios ya no era los lugares de trabajo, ocio y mucho menos las imágenes de transformación social sino el mercado. El ataque estatal contra lo comunitario significó retejer las relaciones sociales, pero esta vez, a través de vínculos basados en el lucro. Lxs amigxs comenzaron a venderse las cosas en vez de intercambiar o regalar. Lo comunitario puede asociarse a un montón de cosas feas también pero esencialmente se caracteriza por un reconocimiento del/a otrx como un semejante. O sea, es un buen principio.

La recreación de lo social y su vínculo con un nuevo imaginario social.

Problematicemos un poco ya que soluciones terminadas, por suerte, no tenemos. Indudablemente aquel imaginario social revolucionario de antaño se ha debilitado muchísimo. Compañerx era el/la que laburaba contigo y también el/la que compartía espacios de lucha. “Señorxs son lxs burguesxs” decían siempre lxs viejxs militantes. Pero el capitalismo cambió y logró que se le dijera señor o señora a todxs. La ilusión de elevación e igualación social fue un arma poderosa para lxs patronxs. Las personas comenzaron a identificarse mucho más con lxs capitalistxs que con sus vecinxs o compas de laburo.
  Re-crear lo social y el imaginario revolucionario, más allá de ser una necesidad -el mundo se está cayendo a pedazos ecológica, social y culturalmente- es un desafío. Lxs capitalistxs “tienen los diarios, el cine y la radio” decía una vieja canción revolucionaria, tienen internet en sus manos también, podríamos agregar. Podríamos, por ende, tener una visión derrotista si no fuera que creemos en la voluntad de las personas. Recrear lo social en tiempos de fragmentación y autoexplotación, ahora que hablan de “nueva normalidad”, no será fácil. El primer aspecto es superar el tradicionalismo de izquierda. No volverá la industria, el capitalismo de servicios con el teletrabajo y la automatización redujo sustancialmente los lugares de rejunte para la producción. No volverá y no tiene que volver la industrialización, sobran argumentos ecológicos, energéticos y sociales al respecto. Un nuevo imaginario que contemple una economía social, recíproca, ecológica y placentera deberá enfrentarse a los fantasmas del orden instituido como el progreso ilimitado y el emprendeurismo. Además deberá recolocar el significado profundo y potente del hacer en común, por y con lxs demás, enfrentando al atomismo capitalista.

La hipótesis de lo común a través del conflicto.

No volverá el pasado, por suerte, y no parece estar surgiendo una cultura de lo común en una sociedad deprimida, atomizada y competitiva. Pero si se mira, el 2019 dio una cachetada a lxs pesimistas, Líbano, Irak, Francia, Argelia, Haití, Nicaragua, Hong Kong, Colombia o Chile se levantaron en tiempos de supuesta apatía generalizada. Ninguna fuerza policíaca pudo destruir ni a los chalecos amarillos franceses ni a lxs rebeldes chilenxs. Lo que genera juntadera, lo que promueve una visión de lo común no está determinado de antemano. La revuelta produce el juntarse y entonces reconocerse. Un paréntesis le es puesto a la realidad para poder volver a entenderse con lxs otrxs. Si la pandemia detuvo un rato también a algunos sectores de la producción lo hizo bajo una separación y atomización social que impide el “paréntesis reflexivo”.
  Tenemos que reencontrarnos sí, pero en lucha contra el orden instituido. Tenemos que reconstruir espacios en común pero tomando en cuenta los poderosos medios de subjetivación que tiene el capital. La comunidad y sus espacios deben ser de lucha. Los espacios, las grietas que se abren deben buscar la autoorganización y arremeter contra lo instituido. Serán menos estables los espacios en comparación a los de antaño y deberán ser más creativos y dinámicos, además. El juego de la subversión tendrá que contar con la dialéctica de la autoorganización y el ataque directo contra el mundo del capital.
  La lucha puede generar espacios comunes y potenciar un imaginario revolucionario posible. La acción abre espacios e impulsa imaginaciones refractarias desobedeciendo el “sentido común”. Si bien abrir espacios concretos de intervención es necesario, más es dotarlos de proyección, y aún más, comprender sus limitaciones. Hoy muchos sectores luchan por la normalidad capitalista y su nueva vuelta de rosca, la “nueva normalidad” capitalista. El PIT CNT, lxs empresarixs y el gobierno se han unido en defensa del mundo de la explotación y el mercado, ninguno propone detener lo que produjo la pandemia, ninguno propone detener la destrucción de las especies y la vida humana. Una cultura de lo común, unos signos y prácticas de lo de todxs, que tome en cuenta a lxs demás no para soportarlxs sino para ser mejores debe reinventarse en la lucha.
  Sobrevivamos y de paso seamos orgullosamente libres. El capitalismo es el virus.

R.M.

Recibimos y publicamos | Intervención en el Supermercado Disco.

mayo 5, 2020

El 23 de abril se detectó un caso positivo de Coronavirus en el local de Punta Carretas del supermercado Disco.
Siguiendo con un nuevo caso el 29 y siendo 4 en total el pasado Viernes.
  A pesar de las quejas de lxs trabajadorxs el local no cerró, poniéndolxs en riesgo no solamente a ellxs, sino que a sus familias y a todxs aquellos que ingresan al local a comprar.
  Esto demuestra la doble moral de los capitalistas, que por un lado salen con el cuento de que de esta situación “salimos todxs juntxs” pero obviamente priorizan el lucro ante las vidas de lxs trabajadorxs.
  No olvidemos que en el 2018 fue también el supermercado Disco, en el local de 8 de Octubre y Garibaldi, que no cerró ni cuando uno de sus trabajadores cayó del piso de arriba y murió porque no le habían brindado las medidas necesarias de seguridad.

  ¡Ante la violencia capitalista no nos quedemos calladxs!
  Que no haya paz mientras exista la explotación.

Nosotr★s.
Mayo, 2020.

Recibimos y publicamos | Intervención en iglesia “Misión Vida”.

mayo 1, 2020

Intervención con pintura en la fachada de la iglesia “Misión Vida” de Montevideo, donde su pastor, en momentos de crisis, exige a sus feligreses el deposito del “diezmo” mediante giros o depósitos bancarios.
  Se hace urgente repudiar con nuestras acciones a lxs gestores de la misera.

Efemérides | 1º de Mayo de 1886, huelga universal.

mayo 1, 2020

El 1º de mayo de 1886 comienza en Chicago una huelga general que quedará marcada en la historia de lxs que luchan trascendiendo los límites imaginados del tiempo, ya que era impensable suponer que hoy, 134 años después, seguiríamos hablando de ella en puntos cardinales tan lejanos.
  La huelga se había preparado con muchos meses de antelación con una campaña de agitación imponente. A partir de ese primero de mayo nadie volvería a trabajar más de ocho horas. Es importante aclarar que las asociaciones obreras que llevaban adelante la huelga no le reclamaban al Estado la jornada legal de 8hs sino que pretendían imponerla por la fuerza a sus empleadores.
  Más de 5000 mil huelgas estallaron por todo Estados Unidos, la jornada de 8 horas se impuso en miles de talleres, viéndose al cabo de un mes disminuida la jornada de más de un millón de obrerxs. En Nueva York, Baltimore, Saint Louis, Washington, las huelgas fueron masivas.
  Pero fue en Chicago donde el movimiento tomo mayores proporciones, y forma de revuelta, dada la constante agitación que los grupos obreros, anarquistas y socialistas revolucionarios venían desarrollano hacía años. La huelga se extendió en los días siguientes, ya que la agitación como la fiebre, no se apaga de golpe. En la fábrica Mc Cormik 1200 obrerxs fueron despedidxs. Al terminar la tarde del 3 de Mayo lxs huelguistxs fueron a buscar a lxs carnerxs en busca de explicaciones, lo que desembocó en un fuerte tiroteo con la policía, seis muertos, cincuenta heridos y varixs detenidxs.

Al día siguiente se podía leer en un manifiesto repartido por las calles;

“La guerra de clases ha comenzado. Ayer frente a la fábrica Mac Cormik han fusilado a los trabajadores ¡Su sangre pide venganza! (…)
  Si se fusila a los trabajadores, responderemos de tal manera que nuestros amos lo recuerden por mucho tiempo.
  Es la necesidad la que nos hace gritar ¡a las armas! (…)
  ¡Secad vuestras lágrimas, sufrientes!
  ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”

  Al mismo tiempo los grupos anarquistas convocaban para un mitin, “Armaos y apareced en plena fuerza” decía la convocatoria. Aunque finalmente se cambió de actitud y se convocó pacíficamente a concurrir sin armas. Ante 15.000 personas Spies, Parsons y Fielden dieron sus discursos. Antes de finalizar el mitin sin incidentes, la policía irrumpe violentamente y comienza a reprimir, ante esto una bomba estalla derribando a 60 policías, muriendo ocho de ellos, el resto comenzó a balear a lxs manifestantxs. Ante esto se impuso el estado de sitio en Chicago y se ocupó militarmente los barrios obreros.

  Tras estos sucesos Spies, Fielden, Neebe, Fischer, Schwab, Lingg, Engel y Parsons son detenidos. Meses después se dicta sentencia, pena de muerte para todos, salvo Schwab y Neeb, condenados a cadena perpetua.

  El legado de la huelga de Chicago no se esfumó, en 1890, en Europa un Congreso Obrero Socialista Internacional convoca a una gran manifestación obrera internacional para reducir la jornada laboral a ocho horas.
En todas las ciudades industriales de Europa y Estados Unidos hubo importantes manifestaciones, en Barcelona y Valencia se produjeron violentos incidentes.
  La fecha del 1º de Mayo logró evidenciar ante los ojos de todas las capas sociales las insostenibles condiciones de vida de lxs trabajadorxs. El éxito de esta jornada de lucha obrera internacionalista, hizo que se repitiera en el año 1891.
  Esta vez el apoyo de lxs anarquistxs (que habían considerado legalista la convocatoria de 1890 que pretendía convertir la demanda obrera en ley) fue total. Las manifestaciones fueron más violentas, con tiroteos en París y una masacre que termino con diez muertos en la pequeña ciudad industrial de Fourmies. En Roma, derivó en una insurrección de ocho días donde se incendiaron cuarteles y se expropiaron armas. En Hungría y España también se vivieron violentas jornadas.

  En el Uruguay, si bien en sus comienzos se le dio mas importancia a la fecha del 11 de noviembre (en que los mártires fueron ahorcados), la fecha se conmemoró desde su primer convocatoria en 1890.
  Aquel día Montevideo amaneció con varios carteles que decían:

  “Hoy primero de mayo de 1890
se invita a todos los obreros de montevideo
a asociarse a la huelga universal.
  Se os invita para la protesta contra
la explotación “del hombre por el hombre”
el dia 1º de mayo a las 2 de la tarde;
punto de reunión cervecería Giambrinus
  Frente al cementerio ingles.
  Calle 18 de Julio, esquina Olimar.

La comisión organizadora”.

  La prensa local dejó estampado ese momento con estas palabras:

  “En Montevideo el 1º de Mayo ondearon dos banderas roja y negra en lo alto de dos edificios públicos, teniendo lugar en el mencionado día un meeting iniciado por los anarquistas allí residentes repartiéndose en el mencionado meeting profusión de manifiestos en los cuales aconsejaban la huelga general pero sin esperar nada de los poderes públicos sino hacer una huelga de protesta contra el modo de ser hoy, y aconsejando al mismo tiempo la organización por grupos libres, haciendo uso de la palabra varios anarquistas, los cuales obtuvieron grande ovación. A mitad de la reunión pidió la palabra un burgués y empezó aconsejando a los obreros que para emanciparse era preciso el apoyo de los curas, abogados, etc. Fastidiando tanto a la concurrencia que a empujones lo hicieron salir del local. Esta reunión fue la que más propaganda ha hecho hasta el presente en aquella localidad, habiendo concurrido a ella unos 3000 obreros”.

  En 1896 se realizó la primer manifestación callejera de un 1º de Mayo, la cual fue tomando mayores proporciones con el correr de los años, para 1902 la manifestación que recorrió 18 de Julio era encabezada por una orquesta musical que entonaba “La Internacional”, las pancartas de los grupos anarquistas eran sostenidas por compañeras que vestían de rojo y negro para hacer alusión a la fecha. Como la oratoria estaba prohibida el compañero que alzó su voz ante el publico fue detenido por la policía.
  La manifestación fue creciendo año a año. En 1912 y 1913 se produjeron incidentes violentos contra carneros, policías, domicilios de burgueses y el Instituto de Higiene, que pretendía imponer la vacunación obligatoria.
En 1916 el 1º de Mayo de fue declarado feriado como “Fiesta del Trabajo” pero debió cambiarse su denominación por la de “Día del Trabajador” en 1919 dado el carácter poco festivo del evento.
  Fue ese año de 1919 cuando la manifestación callejera chocó violentamente con la policía que pretendía defender a unos carneros que conducían un tranvía, resultando un policía muerto y un obrero apresado durante varios meses.
  Para 1920 bajo el estallido de alguna bomba y ante el asedio policial, la Federación Obrera orientada por lxs anarquistas llama a defenderse con violencia. Tiroteos, detenciones y vagones de tranvías destrozados fueron el saldo de una jornada que dejó la dignidad obrera intacta.
  En 1923 la represión policial terminó con la vida de un manifestante.
  En los años y las décadas siguientes los actos se diversificaron en distintas manifestaciones según las corrientes ideológicas del movimiento, pero la Federación Obrera de orientación anarquista, aunque cada vez más minoritaria continuó conmemorando la fecha año tras año en distintas actividades callejeras.
  En la década de 1960 la creciente conflictividad social le devolvió a la fecha obrera su carácter combativo, así el 1º de mayo de 1968 fue salvajemente reprimido contándose unos 50 manifestantes heridos y una señora muerta al intentar huir.
  La represión en aumento no logró acallar la vigencia de los mártires, en plena dictadura en los años 1974 y 75 pintadas en muros, volantes en calles y hasta algún artefacto explosivo, reivindicaron la jornada proletaria.
Tras la apertura democrática la columna Cerro-Teja canalizó la expresión de los sectores militantes de base que recogieron la tradición obrera de todo el siglo XX.
  Tanto los actos de la FAU en la década del 90 llenando la sala del teatro Stella como los del anarquismo autónomo entre 2006 y 2016 en la Plaza Libertad dan cuenta del potencial de las propuestas anárquicas para trascender las políticas estériles impulsadas por la izquierda parlamentaria, en un terreno fértil para desarrollar la autoorganización y la acción directa.
  En 2007 la campaña por la libertad de un obrero que enfrentó la arrogancia de lxs carnerxs que desconocen la huelga universal hizo recordar la esencia de la lucha intransigente y consecuente que atraviesa los siglos.
  Hoy 134 años después, la potencia de los mártires de Chicago está en la práctica sincera y arriesgada de lxs militantes de base, está en la ocupación de terrenos y locales con fines sociales, en las ollas populares autogestionadas, en los proyectos de lucha social que no buscan un pacto sino la transformación total e incondicional de la sociedad, está en el espíritu de quienes prefieren una vida difícil pero digna, opuesta a la tranquilidad de las migajas impuestas por el poder.
  La potencia de los mártires de Chicago está en la certeza de que es nuestro poder creativo el que tiene la posibilidad de gestar alternativas reales de reorganización social que trascienda los parámetros de la política parlamentaria o la economía capitalista regida por las leyes del mercado.
  No precisamos antenas 5G o fibra óptica para sobrevivir. Precisamos comida y redes de autoorganización solidaria. El capitalismo es un película muy divertida, pero innecesaria. La autogestión es una obra teatral dificultosa, pero íntegra y vital.